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Puede Trump sacar adelante su agenda sin su partido...

La justicia y la oposición pueden bloquear el resto de sus planes




Ha sido menos de 24 horas, las que van entre la tarde del miércoles y la mañana del jueves. En ese tiempo, dos jueces han bloqueado el segundo veto migratorio de Donald Trump usando sus propias palabras contra él, fuentes de la dirección del grupo parlamentario republicano han tildado a su proyecto de presupuesto de "un chiste" que nunca podría ser aprobado y tres diputados de su partido han votado contra su proyecto de reforma sanitaria. Dos meses después de la toma de posesión de Trump, y pese a tener mayoría en las dos cámaras, una pregunta flota ya en el ambiente: ¿podrá aprobar alguna ley o estará su presidencia abocada a una crisis permanente?



Trump llegó al Partido Republicano desde fuera, al asalto, y logró hacerse con el liderazgo y la presidencia del país gracias a su imagen de "outsider", alguien "de fuera" que no estaba controlado por las élites políticas de Washington. Sin embargo, esa ventaja a la hora de hacer campaña ha supuesto una enorme debilidad una vez en el poder: Trump no tiene aliados que le permitan sacar adelante su programa político, y sus prioridades personales son muy diferentes a las del partido que lidera.



Los tres partidos republicanos

Los problemas internos del Partido Republicano ya existían antes de Trump. Pese a tener la mayoría en la Cámara de Representantes, no es un solo partido, sino tres: un grupo de derecha radical con 29 escaños (el "Caucus de la Libertad"), uno más centrista con 36 miembros, y otro en el centro-derecha, con 172. Dado que la mayoría es actualmente de 216 escaños, si 22 de los 237 diputados republicanos le dan la espalda a cualquier ley, su fracaso está garantizado. Y tanto el grupo moderado como el radical cuentan con la fuerza numérica suficiente, y objetivos muy diferentes.



Mientras tanto, en el Senado la situación es incluso más complicada. Los demócratas tienen poder de veto -un mínimo de 41 escaños, y cuentan con 48- para bloquear cualquier proyecto que no sea estrictamente presupuestario. Y en los (pocos) temas en los que pueden aprobar leyes con mayoría simple, las divisiones son las mismas: hay un bando de senadores radicales (unos tres) y otro de moderados (unos 9). Con 52 escaños y una mayoría de 50, si tres de ellos rechazan cualquier proyecto, este fracasará. A cambio, hay una decena de senadores demócratas moderados que podrían sumarse para aprobar leyes centristas... leyes que probablemente sean inaceptables para los diputados republicanos más radicales, que podrían vetarlas.



Esta división se ve muy claramente en el caso de la reforma de la ley sanitaria. Por un lado, nueve diputados del Caucus de la Libertad han votado en contra del proyecto en las diversas votaciones realizadas en comités de la Cámara de Representantes, por considerarlo 'muy moderado'. Por otro lado, seis moderados han anunciado su rechazo al considerarlo 'muy radical' y otros cuantos dudan. Si la ley logra conseguir el visto bueno por un estrechísimo margen, hay una decena de senadores, entre moderados y ultraconservadores, que han prometido enviarla a la basura. Cuadrar el círculo parece una hazaña digna de genios.



Agendas enfrentadas

El segundo problema es que la división entre Trump y su partido le deja sin control sobre la agenda política. El proyecto de reforma sanitaria ha sido diseñado por el presidente de la Cámara, Paul Ryan, y su secretario de Sanidad, Tom Price. Trump no ha colaborado y, de hecho, el proyecto va en contra de todas y cada una de las promesas hechas por el magnate en materia sanitaria: prometió "cubrir a todo el mundo" y 24 millones de personas perderán su cobertura, según estimaciones de la Oficina de Presupuestos del Congreso; prometió "precios más baratos" y los costes subirán; prometió no tocar las ayudas a mayores y desfavorecidos y la ley las reducirá... En respuesta, Trump ha dado un apoyo más bien tenue al proyecto, y ha ha llegado a decir que, si por él fuera, ni se metería en el tema sanitario, pero que lo hace por presiones de Ryan.



La misma desconexión se da en el sentido contrario. El veto migratorio, una de las prioridades de Trump y bloqueado dos veces por los tribunales, causa rechazo entre los líderes del partido, que apenas han intentado defenderlo. Los presupuestos presentados este jueves, sin apenas previsiones de ingresos o gastos, sin explicaciones políticas o económicas para justificar cada partida y con decisiones clave -como el aumento en Defensa- que no se pueden incluir en una ley presupuestaria, han sido tildados de "chiste" en Washington. Ningún diputado o senador de la muy republicana Texas está a favor del muro fronterizo. Y el proyecto de infraestructuras de un billón de dólares prometido por Trump, al que no se le espera en el futuro próximo, tiene más defensores entre los demócratas que entre los suyos.



Los únicos temas en los que el presidente y su partido coinciden son la reforma fiscal y la nominación del juez conservador Neil Gorsuch a la Corte Suprema. Pero la reforma fiscal requiere que la reforma sanitaria se apruebe primero, y algunas de las propuestas fiscales de los líderes parlamentarios no las apoyan ni Trump ni muchos republicanos.



Entre tanto, una larga serie de crisis acechan al país y pueden obligar a replantear el resto de sus planes: desde este jueves, Estados Unidos no puede emitir más deuda, por lo que el Tesoro está ya aplicando "medidas extraordinarias" para evitar la suspensión de pagos, lo que ocurrirá en agosto o septiembre. Y el 30 de abril el Gobierno se quedará sin fondos si no logra aprobar un presupuesto antes, algo que en este momento no parece muy probable.



En las últimas semanas, varios historiadores han mirado al expresidente demócrata Jimmy Carter. En una época de crisis y decrédito de la política tras el escándalo Watergate, la inesperada figura de Carter apareció por sorpresa para liderar una mayoría demócrata que parecía lista para transformar el país. Sin embargo, las desaveniencias entre el presidente y los líderes parlamentarios de su partido, con objetivos muy diferentes, llevaron su mandato al fracaso y abrieron la puerta a 12 años de hegemonía conservadora. ¿Será Trump el Carter de los republicanos, o podrá salvar su presidencia? Aún es muy pronto para saberlo, pero las luces de alerta ya están encendidas.



Victor Ventura



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Viernes 24 de marzo de 2017

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