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72 horas para exprimir Montreal

Cuna del Circo del Sol o del grupo Arcade Fire, lo mejor de Montreal reside en su espíritu amable, en su don para exprimir la vida nocturna (también diurna) y en su indiscutible habilidad gastronomica.




Recuerdo la primera vez que estuve en Montreal; me enamoré de la ciudad, tan europea en mitad de Canadá. Recuerdo cuánto me gustaron sus escaleras en zigzag de hierro forjado que, junto con los balconcitos, decoran las fachadas de esos clásicos pequeños apartamentos de tres pisos.Recuerdo disfrutar y sorprenderme descubriendo sus distintos barrios, su atmósfera ecléctica, su carácter bilingüe. Je me souviens (recuerdo), es el lema de la ciudad, inscrito en todas las matrículas de coches. Tres días en Montreal nos han hecho recordar por qué nos gusta tanto esta ciudad.



DÍA 1 9.00. MI VIEJO AMIGO MONTREALCaracterístico por su suelo empedrado y aire europeo, el barrio antiguo de la ciudad -Vieux Montréal- es el enclave donde empezó a formarse esta urbe hace casi 400 años. Empezamos desayunando en Olive et Gourmando, sus muffins de zanahoria y su granola crujiente no tienen parangón) para cargar bien las pilas y nos adentramos con fuerza en el viejo Montreal.Un recorrido por el que no eludimos los indispensables de esta zona: la calle St. Paul con sus tiendas y restaurantes, el mercado de Bonsecours, el viejo puerto, las plazas d'Youville y Jacques Cartier, la Basílica de Notre-Dame, la Capilla del Sagrado Corazón, el ayuntamiento, el palacio de Justicia y la isla de Santa Elena (donde en verano tienen lugar la Fórmula 1 y los festivales de música). Como curiosidad, merece la pena ver el lobby y patio interior del hotel-restaurante Les Filles du Roy, impresiona su atmósfera mágica y misteriosa del siglo XVIII.



14.30. COMIDA DESENFADADALe Village es una de las zonas más eclécticas y divertidas de la ciudad. Su ambiente amable y desenfadado nos empuja a merodear por todas las tiendas y locales a lo largo de su calle principal (St. Catherine Este).Una breve parada para comer una crepe rápida -Crepanita du Marché- es siempre una buena y práctica idea antes de dirigirnos hacia el barrio latino, y darnos un dulce capricho en la chocolatería Juliette et Chocolat, un área repleta de gente joven y artistas.Como colofón, volvemos al Hotel Le St-Martin Montreal cruzando Chinatown, un gueto que se construyó en 1860 con la población de inmigrantes chinos que llegaron a Montreal para trabajar en las minas y la red de ferrocarril. En la actualidad, los mejores restaurantes asiáticos de la urbe se concentran en esta zona



.21.00.CENA Y COPASNo queríamos dejar de probar un símbolo de la escena gastronómica de Montreal y uno de los mejores sitios para degustar comida quebequesa elevada a la enésima potencia: Au Pied du Cochon, las tarrinas de foie son algo insólito y espectacular. Después nos animamos a tomar unas copas en Bily Kun, un local emblemático, original y con ambientazo. El lugar no defrauda. Ambos sitios están en el corazón del barrio Mont-Royal-Plateau.Y como no hay nada mejor que empapar (de nuevo) el estómago antes de dormir tras varias copas, nos vamos a por un tentempié típico de Quebec: Poutine, esas patatas fritas con salsa espesa de carne y queso fundido por encima. Hay que probarlas. La Banquise, a un par de manzanas de distancia, es el sitio por excelencia. ¡Y está abierto 24 horas! .



DÍA 2 10.00 MAÑANA EN EL MERCADOPara visitar un mercado, es mejor ir con el estómago lleno. Por eso nuestra primera parada es Le Butterblume, un sitio donde el olor a pan y bollería recién hecha nos hacen querer pedirlo todo (sus scones de beicon, queso chédar y cebollino, o sus bizcochos suaves y redondos de almendras, chocolate y crema fresca son lo más característico).En un paseo de 20 minutos llegamos al mercado Marché Jean-Talon, en el barrio de Little Italy, uno de los mercados más grandes de Norteamérica. Es una gozada perderse por sus puestos de flores, quesos locales, frutas y verduras de temporada, carnes y pescados. Y caer en la tentación de comprar sirope de arce de Quebec.



13.30.PASEO POR EL BARRIO BOHEMIONos perdemos por Mont Royal Plateau, el barrio de las típicas casas de Montreal con sus escaleras de hierro forjado (rue St. Hubert), su indiscutible toque elegante y sus tiendas de segunda mano. En la calle Mont-Royal encontraremos tiendas de todo tipo: discos en Beatnick, libros o películas en Boite Noire, así como infinidad de pequeños cafés como elKahwa Café.Lo mejor en esta zona es deambular por sus calles sin olvidar las avenidas Duluth y St. Laurent (boulevard que divide la ciudad en Este y Oeste), y las calles Rachel y St. Denis (justo en esta esquina hay una librería de viajes con muy buen material, Ulysse, y en St. Denis un restaurante-tienda, Au Festin De Babette, en el que merece la pena entrar aunque sólo sea para ver sus diferentes mesitas, vajillas y decoración).Obligatorio comer en Schawrtz's, el deli judío más antiguo de la urbe, famoso por su sándwich de carne ahumada, y de postre un helado en Ripples, justo enfrente (el de rosas e hinojo es de otro mundo)..



16.00VISTAS PANORÁMICASCon el estómago lleno, estamos listos para subir al parque Mount Royal y llegar hasta el Chalet du Mont-Royal, contemplar las famosos vistas panorámicas de la ciudad desde Belvédère Camilien-Houde y deambular un poco por el cementerio, un lugar tranquilo y precioso plagado de esculturas, árboles y flores.Desde el parque se aprecia también el campus de la Universidad McGill, así que a la vuelta es casi obligatorio pasar por delante de esta emblemática institución universitaria que, además, es un edificio histórico precioso.



22.00. A PEDIR DE BOCANos vamos a un barrio en boga estos días, Little Burgundy, para cenar en Joe Beef, un restaurante donde es imprescindible reservar y que lleva varios años incluido en la prestigiosa lista de los 100 mejores del mundo. Después, copas en Burgundy Lion y Drinkerie Sainte Cunégonde; si quieres probar un cóctel diferente y sorprendente pide Charlevoix: ron, sirope de jengibre hecho por ellos, cerveza de jengibre y lima.



DÍA 312.00.SACROSANTO BRUNCHEl brunch es casi una religión en esta ciudad, así que no podíamos saltárnoslo. Elegimos Griffintown Café en el barrio de Griffintown, una antigua zona industrial que se ha convertido en uno de los barrios más populares de la ciudad.Al terminar paseamos hacia el centro y recorremos la calle Sainte Catherine Oeste, una de las arterias de Montreal, perfecta para ir de compras. Podemos entrar en Eaton Center, el centro comercial más famoso, las míticas galerías The Bay, comprar libros en Argo Bookstore o ropa en las tiendas más de moda, como Frank + Oak o Club Mónaco. En esta última, además, es recomendable entrar y tomarse algo para recobrar fuerzas en Myriade Café, cuyo dueño es conocido como el «gurú del café».



.16.00UNA DOSIS DE CULTURAEn la capital cultural de Canadá no podíamos dejar de visitar el Museo de Bellas Artes, una de las pinacotecas más relevantes del país. Al salir todavía nos quedan ganas y tiempo para husmear un poco en Encore Books and Records, una tienda donde siempre se encuentran ediciones antiguas de vinilos y libros interesantes



.20.30. LA ÚLTIMA CENALa comida Nikkei (fusión de comida peruana y japonesa) es la tendencia gastronómica últimamente y Tiradito, a cargo del cocinero Marcel Larrea que ha trabajado durante años en el restaurante Astrid & Gastón de Lima, es el mejor sitio para probarla.



CARMEN GÓMEZ-COTTA



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Viernes 24 de marzo de 2017

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