America Latina

El mar se llevó el submarino argentino pero dejó un rastro sonoro. Los sensores que escuchan permanentemente los océanos en todo el mundo por cuestiones militares lograron registrar la explosión del submarino ARA San Juan, el mismo día en que se le perdió la pista, el miércoles 15. Pero el dato solo se confirmó este jueves, después de múltiples análisis. El casco puede estar sepultado en un abismo a 3.000 metros. Las esperanzas de encontrar con vida a sus 44 tripulantes son mínimas, por lo que las víctimas empezaron a lanzar críticas a los militares argentinos. La explosión de este buque de 1985 se detectó tanto desde EEUU como desde una organización de la ONU que registra actividades nucleares.

 

Nadie quería decirlo abiertamente, pero incluso algunos familiares se temían lo peor hace días. Después de una semana de intensa búsqueda, con 10 países implicados, no había ningún rastro del submarino. Los expertos insistían en que lo más llamativo de todo era que sus tripulantes no hubieran puesto en marcha ninguno de los múltiples protocolos de emergencia previstos. Nadie quería hablar abiertamente de explosión, pero estaba encima de la mesa porque era la única forma de explicar que se hubiera perdido todo contacto de forma repentina y que no hubiera dejado siquiera una boya o una bengala para avisar de que tenían problemas.

Se temía que la crisis del submarino, la peor que ha vivido Argentina y una de las más graves del mundo, sufriera una lenta agonía ante la ausencia total de noticias. Pero alguien puso una especie de punto final, aunque no será definitivo hasta que no se encuentren los restos del submarino. Los encargados de este triste cierre fueron los sensores colocados en el mar para detectar cualquier movimiento extraño, cualquier explosión, sobre todo por si pudiera tratarse de un ensayo nuclear no autorizado.

 
ARA San Juan
 

Argentina no detectó nada raro en sus aguas, pero sí EEUU y un organismo dependiente de la ONU. Pero tardaron una semana en comprobarlo y contarlo, y eso desató la ira de algunos familiares. Enrique Balbi, portavoz de la Armada, confirmó que habían recibido de esas dos fuentes la misma información. El miércoles, EE UU comunicó a Argentina que después de analizar todos los registros había detectado que hubo un ruido anormal en la zona donde desapareció el submarino el miércoles pasado. Esa “anomalía hidoroacústica” se registró cuatro horas después del último contacto con el submarino.

Pero faltaba la confirmación, que llegó el jueves. La Organización del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares, con sede en Viena, que cuenta con una red de estaciones acústicas para verificar la no realización de ensayos nucleares, aseguró que ellos también habían notado ese ruido especial. “Se recibió un evento anómalo, singular, corto, violento y no nuclear consistente con una explosión”, señala este organismo, que explicó que dos estaciones suyas detectaron "un evento impulsivo subacuático, una señal inusual en las cercanías de la última posición conocida del submarino argentino desaparecido". Todo coincide y apunta a una explosión del submarino.

Ese ruido quedó registrado el miércoles 15 a las 10,51 horas. Es el día del último contacto con el submarino, a las 7.00 de la mañana, en el que los oficiales comunicaron que tenían una avería eléctrica. Balbi ofreció una información aún más inquietante de la zona donde se detectó la explosión: "Está a 430 kilómetros del punto más cercano de la costa del Golfo San Jorge y en un radio de 125 kilómetros. Está muy cerca del talud, hay muchas variedades de profundidad, va desde los 200 metros hasta 3.000 metros". Esto es, el submarino, que aún no ha sido localizado, podría estar en un abismo marino. 25 barcos y 10 aviones de 10 países lo siguen buscando, pero ahora de una manera muy diferente, ante las escasas posibilidades de encontrar supervivientes. Según la Armada, podría tratarse de una implosión, y por eso tendría sentido que en todo este tiempo no haya aparecido ningún trozo del submarino pese al enorme dispositivo aéreo y marítimo desplegado.

Los familiares entendieron rápidamente el mensaje e interpretaron que tenían que pasar de la angustia al duelo. Luis Tagliapietro, padre de Damián, uno de los tripulantes, fue muy gráfico. “El jefe de mi hijo me confirmó que están todos muertos porque la explosión fue entre los 200 y 1.000 metros de profundidad hace una semana. Es básico, no hay mucha vuelta para darle. No hay ser humano que sobreviva a eso”. Otros fueron durísimos con los militares, les acusaron de mentirles, de jugar con las vidas de sus hijos, maridos, hermanos.

 

Muchos familiares están convencidos de que los militares sabían desde el principio que el buque había explotado y les dieron falsas esperanzas. Se sintieron engañados. En la última rueda de prensa del día, Balbi rechazó de plano esas acusaciones y reiteró que la Armada recibió la información de la explosión el miércoles por la tarde. "Si la Armada hubiese contado con esa información con anterioridad, hubiese dedicado todo el esfuerzo de búsqueda en esa zona desde el primer momento", dijo.

Las familias de los tripulante también culparon a la Armada por enviar a sus familiares a navegar en un buque de 1985, que había sido renovado para darle más años de vida.El militar Carlos Zavalla, ya retirado, que estuvo en Alemania supervisando su construcción durante casi tres años y fue su primer comandante, asegura que el buque podía seguir navegando. “Los submarinos se reparan, se actualizan, este tuvo una reparación grande hace dos años, estaba operando sin problemas”. Algunos familiares sin embargo empezaron a contar que había mucha inquietud entre los marinos por la edad del submarino.

Ruido político

El caso amenaza con convertirse en una crisis política. En la última semana hubo tensiones entre el Gobierno de Mauricio Macriy la cúpula militar, por lo que es posible que haya decisiones políticas fuertes. Los militares ocultaron parte de la información durante las primeras horas, y el ministro de Defensa, Oscar Aguad, se enteró por la prensa de que había un submarino perdido. "Macri, con reflejos rápidos, visitó antes a los familiares que a las autoridades de la Armada. En cuanto al ministro de Defensa, le tocó una crisis de gran envergadura a los pocos meses de asumir el cargo. Pero las consecuencias políticas concretas recién se conocerán en los próximos días, a partir de que se encuentre el submarino. El Gobierno debería evitar intentos de trasladar culpas o responsabilidades entre la Casa Rosada, Defensa y la Armada. Si lo hacen, corren el riesgo de perder todos", dice Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoríay experto en temas de Defensa.

Pero el problema de fondo es otro. El estado de abandono de las Fuerzas Armadas argentinas del que hablan los familiares ya fue denunciado incluso por una aliada política de Macri como Lilita Carrió.Después de una terrible dictadura militar (1976-1983) que dejó una pésima imagen del Ejército en todo el país, y tras varias crisis económicas que han afectado a todas las estructuras del Estado, el gasto militar es de los más bajos de Latinoamérica: 0,9% del PIB, contra 1,6% de promedio regional y 3% de promedio mundial. "Esto se traduce en algo muy concreto: el 90% del equipamiento de las Fuerzas Armadas argentinas tiene entre 30 y 50 años de antigüedad", dice Fraga. "Si tomamos el caso del submarino San Juan, se incorporó a la Armada hace 32 años y era uno de los buques más modernos. El nivel de accidentes en las tres Fuerzas ha estado por encima de lo normal y ello ha tenido que ver con la antigüedad del material y la limitación de recursos para mantenimiento y adiestramiento", agrega.

La falta de presupuesto se ha comprobado en la necesidad de acudir a buques de otros países con tecnología mucho más avanzada para tratar de localizar el submarino. Allí siguen en el mar, buscándolo, pero en tierras las esperanzas se han desvanecido.

Cinco días sin noticias del submarino ARA San Juan. La incertidumbre se convierte en tristeza y el pronóstico comienza a inclinarse hacía la versión más dramática. Las preguntas de difícil respuesta se ponen en el tablero de la discusión. ¿Cuánto tiempo puede soportar un submarino sin subir a la superficie? ¿Los víveres son suficientes para aguantar hasta cuándo? ¿Puede la tripulación abandonar el buque con balsas salvavidas? En definitiva, ¿qué desafíos son los que tienen que afrontar estos 43 hombres y la oficial Eliana María Krawczyk, la mujer que embarcó con ellos en Usuhaia?

El capitán Gabriel Galeazzi aclaró que la última comunicación, el miércoles pasado, con el San Juan se produjo con «el buque en la superficie». Fue entonces cuando «comunicó que las baterías habían sufrido una avería por un cortocircuito. Por eso -añadió- el comando de las Fuerzas de Submarinos le dijo que cambiara inmediatamente la derrota (ruta) y fuera a Mar del Plata, en la provincia de Buenos Aires.

Tras conocerse esta información, el escenario que se presenta no es bueno. El papel de las baterías es mucho más importante de lo que se podrían pensar. De estas depende que se puedan activar los tubos de oxígeno y permitan al «sistema atrapar el anhidrído carbónico que exhalan los tripulantes y absorber el oxígeno puro. De este modo, se renueva el ambiente y se evita el envenenamiento», explica en Infobae el perito naval Fernando Morales.

Las baterías únicamente se pueden recargar cuando el submarino logra estabilizarse en lo que se denomina «profundidad de snorkel», uno o dos metros bajo la superficie del agua. En ese estado se recurrre a un periscopio para renovar el aire necesario y recargarlas. Morales coincide con los portavoces de la Armada cuando advierte de que «en caso de que el submarino no pueda alcanzar esa superficie de snorkel para recargar las baterías, el tiempo de autonomía es de siete días».

«En condiciones habituales de navegabilidad -añade- el submarino podría pemanecer debajo del agua al menos 90 días. Se manejen las variables de la capacidad de combustible, el agua, los alimentos y también el oxígeno». Pero en ese lapso de tiempo se incluyen, al menos, «un par de subidas a superficie y que las baterías estén en perfecto estado». Algo que, ahora se sabe, falló en el San Juan.

Enrique Balbi, portavoz de la Armada, estima que el avituallamiento previsto les podría alcanzar para «quince días más los estipulados de viaje».

Otros desafíos, si el submarino sigue operativo aunque incomunicado, son los emocionales. La convivencia en un aparato de escasas dimensiones puede resultar agobiante en condiciones normales, pero en extremas todo se agrava. La oficial Eliana María Krawczyk, responsable del armamento a bordo y primer mujer oficial en un submarino de Sudamérica, recordaba hace unos meses, en el mismo medio digital (el de mayor visitas de Argentina) que ella vivía con normalidad «compartir camarote con otros dos compañeros».

El comandante Carlos Zavala, primero en ponerse al mando y surcar las aguas con el ARA San Juan, recuerda: «Vivir bajo el agua implica acostumbrarse a vivir en una situación de aislamiento absoluto. De incomunicación pero lo primordial es no sufrir de claustrofobia». «La Marina -añade- tiene un gabinete psicológico que le hace un test a cada uno de los marinos antes de que formen parte de una tripulación de un submarino». En ese sentido, confía en la fortaleza de la tripulación.

Nunca antes en la historia de la Armada se habían encontrado frente a una crisis de esta naturaleza. Estar codo a codo las 24 horas del día no debe ser fácil, pero tampoco acostumbrarse a no ver la luz del sol, echar un vistazo al móvil o tener acceso a los medios de comunicación de masas. El esparcimiento, con el transcurrir de los días, también es un problema. «No hay lugar para hacer ejercicios. Y eso complica la situación», insiste el comandante Zavala.

Uno de los mejores submarinos

El ARA San Juan, de fabricación alemana, pese al manto de sospechas que se ha tendido en diferentes medios sobre las condiciones en las que navegaba, está considerado uno de los mejores submarinos. Por esta razón no terminan de encontrar una explicación a lo que está sucediendo.

Los sistemas de comunicación alternativos no funcionaron, las boyas no emitieron señal, tampoco hay rastros de las bengalas especiales para estas embarcaciones ni a vuelo de pájaro se descubrió en el sector rastreado manchas de aceite en el agua, propias del sistema de alerta para llamar la atención sobre su localización. Demasiados indicios de tragedia para seguir siendo optimistas. Aunque los marinos saben que la esperanza es lo último que se pierde.

Adolfo Lagos, director general de Izzi y vicepresidente de Televisa, fue asesinado este domingo en una carretera del Estado de México por un grupo de personas armadas. La muerte ha sido confirmada por el grupo de comunicación a primera hora de la tarde.

 

Según un comunicado de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), Lagos fue asaltado cuando viajaba en una bicicleta por la carretera Tulancingo-Pirámides. De acuerdo a la versión de varios medios locales, dos hombres salieron de entre los matorrales para intentar robar a Lagos. El directivo de Televisa estaba acompañado de otro hombre y su escolta, quien intentó protegerlos. Según el diario Milenio, uno de los atacantes resultó herido aunque consiguió escapar.

Fue el escolta quien subió a Adolfo Lagos a un vehículo y le condujo hasta encontrar una ambulancia. El directivo de Televisa fue trasladado a un hospital del municipio de Coacalco, donde falleció, según informaron las autoridades.

Las reacciones a la muerte de Lagos se sucedieron durante la tarde del domingo. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, hizo referencia al crimen a través de su cuenta de Twitter: "Lamento y condeno los hechos en los que perdió la vida Adolfo Lagos Espinosa. Expreso mis condolencias a sus familiares", aseguró el mandatario, quien señaló que la PGR trabajará con la Fiscalía del Estado de México "para la investigación y detención de los responsables.

Desde el sector empresarial, Gustavo de Hoyos, presidente de Coparmex, también condenó el asesinato de Lagos y exigió "acciones contra la ola de inseguridad" en todo el país. Lagos, de 69 años, se incorporó hace cuatro años a Televisa. Experto en tecnología, antes había sido directivo de varios bancos, como Serfín, Bancomer y el Santander.

Venezuela firmó este miércoles un acuerdo para reestructurar su deuda con Rusia, uno de sus principales acreedores, un alivio que no sacará del atolladero a este país estrangulado por la deuda y bajo 'default' parcial.

Venezuela ha firmado este miércoles un acuerdo para reestructurar su deuda con Rusia, uno de sus principales acreedores, un alivio que no sacará del atolladero a este país estrangulado por la deuda y bajo default parcial. El acuerdo reestructura un crédito ruso de casi 3.000 millones de dólares otorgado en 2011 para comprar armamento ruso, indicó una fuente diplomática a France Presse (Afp). Los detalles de este acuerdo se darán a conocer en una rueda de prensa del ministro venezolano en Moscú. Rusia adelantó en octubre que consistiría en postergar parte de los vencimientos. 

Asfixiada por la caída del precio del petróleo y las sanciones estadounidenses, Venezuela asegura ser un "buen pagador", pero las malas noticias se suceden en un país cuya población está sometida ya a la escasez de alimentos y medicinas a falta de dinero para importarlos.

Más allá de esta operación, el Gobierno ruso "no ha recibido ninguna petición" de ayuda adicional de parte de Venezuela, según el portavoz del Kremlin Dimitri Peskov.

El acuerdo firmado en Moscú sólo permite ganar tiempo porque de todos modos "la cuestión de la deuda venezolana no puede resolverse de ninguna manera", dijo Anton Tabakh, economista de la agencia de calificación RAEX.

La reestructuración de esa deuda es una gota de agua en el endeudamiento de Venezuela, que alcanza los 150.000 millones de dólares. La deuda venezolana con Rusia incluye 6.000 millones de dólares pagados por adelantado por la petrolera semipública Rosneft a la venezolana PDVSA.

En el caso de China, su principal acreedor, los expertos estiman que las sumas ascienden a varias decenas de millones de dólares. Según el ministerio chino de Relaciones Exteriores: "El Gobierno y el pueblo venezolano tienen la capacidad de gestionar de forma apropiada sus propios asuntos, incluido su problema de deuda".

El lunes y el martes, las agencias de calificación S&P Global Ratings y Fitch declararon consecutivamente a Venezuela en default parcial, tras constatar que el Gobierno había incumplido varios vencimientos al término del período de gracia de 30 días. Las dos agencias adoptaron una decisión similar en relación con el grupo petrolero estatal PDVSA, por haber demorado una semana en pagar dos vencimientos por un monto de 2.000 millones de dólares. 

"Somos buenos pagadores a pesar de lo que digan las calificadores de riesgo, el Departamento del Tesoro, la Unión Europea y Donald Trump", afirmó el martes el ministro de Comunicación de Venezuela, Jorge Rodríguez. "Nos tiene sin cuidado, vamos a pagar en común acuerdo con los tenedores de los bonos", agregó.

Aparte del gesto de Rusia con su aliado sudamericano, la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA), que agrupa a tenedores de deuda, decidió aplazar hasta el jueves el análisis de si hubo cesación de pagos, con el fin de "obtener informaciones claras sobre el calendario de pagos efectuados".

Riesgo de impago total

El anuncio de default parcial podría preceder a un default general, es decir, una situación en la que Venezuela se encontraría en una incapacidad total de pagar sus deudas.

En un intento por impedirlo, el presidente Maduro había convocado el lunes en Caracas a los acreedores internacionales para renegociar la deuda. La reunión, de apenas 25 minutos, concluyó sin acuerdo. Con reservas internacionales de 9.681 millones de dólares, Venezuela debe pagar en lo que resta del año unos 1.470 millones de dólares y en 2018 más de 8.000 millones.

Según S&P y Fitch, las sanciones del Gobierno estadounidense, que prohíbe a sus ciudadanos y bancos aceptar cualquier acuerdo con las autoridades venezolanas, complicará y alargará las discusiones con los acreedores. Según Venezuela, 70% de sus acreedores son estadounidenses o canadienses.

Venezuela corre el riesgo de quedarse fuera de los mercados al igual que PDVSA y de enfrentarse a demandas judiciales, con la posible incautación de activos venezolanos en el extranjero.

AFP

El caso del asesinato de Adolfo Lagos Espinosa ha dado un vuelco sorpresivo. Las primeras diligencias realizadas por las autoridades del Estado de México han revelado que el vicepresidente corporativo de telecomunicaciones de Televisa y director general de Izzy fue herido de muerte por una bala disparada por uno de sus escoltas. La Fiscalía local investiga desde este domingo el supuesto asalto a mano armada del ejecutivo, que paseaba en bicicleta junto con un acompañante en la carretera Tulancingo-Pirámides, cerca de la zona arqueológica de Teotihuacán.

 

A poco más de 24 horas del crimen, las autoridades de la Fiscalía general del Estado de México han realizado una reconstrucción de los hechos auxiliados por los guardaespaldas que seguían a Lagos Espinosa a la zaga desde una camioneta. Los encargados de seguridad de la víctima, que iban en el vehículo como conductor y copiloto, han colaborado con las autoridades desde el primer momento en calidad de testigos. Las investigaciones han incluido análisis de planimetría para determinar los detalles topográficos donde se dio un supuesto enfrentamiento entre los escoltas y dos hombres de entre 30 y 35 años que intentaron despojar a Lagos y a su acompañante sus bicicletas.

Este tercer testigo, que iba unos metros por delante de Lagos Espinosa, ha dicho a la policía que dos hombres caminaban en sentido opuesto a ellos. Uno de ellos iba armado. “Uno sacó una pistola e instantes después se escucharon varias detonaciones, posteriormente observó como estos individuos corrían hacia una nopalera, al tiempo que continuaban disparando armas de fuego”, cita al testigo un comunicado de prensa emitido por la Fiscalía la noche del lunes.

 

Peritos locales y de la Procuraduría General de la República (PGR; Fiscalía general) hicieron a lo largo de este lunes pruebas periciales de mecánica de hechos y de balística. En el lugar del crimen se han hallado, hasta el momento, siete casquillos de armas de nueve milímetros. “Corresponden a las armas que ambas personas encargadas de la seguridad de la víctima portaban en el momento de los hechos”, afirma la Fiscalía.

Las diligencias de las autoridades locales y federales han logrado conectar una de esas armas con la bala que le fue extraída a Adolfo Lagos Espinosa de sus costillas derechas. “El resultado de las pruebas realizadas por ambas dependencias es coincidente en determinar que la bala que fue extraída del cuerpo de la víctima, por sus características balísticas, fue disparada por el arma que manejaba la camioneta”, dice el comunicado de prensa. Ese único impacto es el que finalmente le costó la vida al director general de Izzy, que recibió atención médica en una ambulancia y, posteriormente, en el hospital de Villa de las Flores (Coacalco), a 30 kilómetros del lugar del paraje donde ocurrió el incidente.

Es inusual que las investigaciones de homicidios avancen a esta velocidad en el país. Y menos en el Estado de México, una región que tan solo en octubre atendió, en promedio, 10 asesinatos diarios, siete de ellos dolosos. El caso de Lagos Espinosa, sin embargo, contó con una rápida y contundente presión ejercida por los sectores empresariales del país. Políticos, hombres de negocios e intelectuales urgieron a las autoridades a resolver el crimen de un hombre de clase alta con una larga experiencia en la banca mexicana y, desde 2013, con un puesto directivo en el gigante de las telecomunicaciones Televisa.

Esta condena hizo que el propio presidente Peña Nieto prometiera la participación de autoridades federales en la investigación de un delito del fuero común. La Fiscalía local, no obstante, no ha cerrado el caso y ha prometido el “total esclarecimiento” de los hechos. A pesar de esto, las autoridades locales han aportado con rapidez un dato contundente. Lagos Espinosa murió por una bala disparada por un hombre que vivía para cuidarlo.

LUIS PABLO BEAUREGARD

Se ha abierto una ventana de esperanza en labúsqueda de los 44 tripulantes perdidos a bordo de un submarino argentino en el Atlántico después de que el Ministerio de Defensa haya detectado siete llamadas satelitales que se presumen provienen de la nave. Las comunicaciones "no llegaron a enlazar con las bases y se trabaja para establecer la ubicación precisa del emisor", según informó el Gobierno del país latinoamericano. Los intentos fallidos se realizaron entre las 11:00 y las 15:00 de este sábado y duraron entre cuatro y 36 segundos. Esto "indicaría que la tripulación intenta restablecer contacto", señaló Defensa.

El Ejecutivo de Argentina trabaja ahora con una empresa estadounidense especializada en comunicación satelital para cruzar los datos que permitan determinar la ubicación de las señales y, eventualmente, proceder al rescate de los tripulantes. El ministro de Defensa, Oscar Aguad, no ocultó su entusiasmo en un mensaje desde su cuenta en Twitter: "Estamos trabajando arduamente para localizarlo y transmitimos la esperanza a las familias de los 44 tripulantes: que en breve puedan tenerlos en sus hogares".

La búsqueda del submarino es una causa nacional. La principal hipótesis de la Armada es que la nave tuvo un problema eléctrico y por eso perdió su capacidad de comunicación. Ha descartado, por el momento, un incendio a bordo, y confía en que el ARA San Juan está aún en movimiento, navegando hacia su puerto de arribo, tal como establece el protocolo para estos casos. Las llamadas satelitales avalarían esa hipótesis. "No hay ningún indicio grave que se tenga del submarino, simplemente se dejó de tener comunicaciones", dijo el portavoz de la Armada argentina, Enrique Balbi. Cuando emitió su última coordenada, la nave realizaba trabajos de control de pesca ilegal a unos 400 kilómetros de la costa, a la altura del Golfo San Jorge, entre Puerto Deseado y Comodoro Rivadavia, en la Patagonia argentina.

La Armada ha peinado ya por aire el 80% de la zona donde podría estar la nave, por ahora sin resultados. Contó para ello con dos corbetas, un destructor, un avión Tracker y un B-200 de vigilancia. Aceptó además la ayuda ofrecida por Estados Unidos, Reino Unido, Chile, Brasil y Uruguay. El gobierno de Donald Trump envió desde El Salvador un avión marítimo P-84 Poseidón, preparado para "respaldar una amplia gama de misiones en grandes masas de agua, incluidas las operaciones de búsqueda y rescate por debajo de la superficie", según anunció en un comunicado firmado por el Comando Sur.

La necesidad ha puesto incluso en un paréntesis las diferencias diplomáticas entre Argentina y Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas: Londres envió a la zona de búsqueda un Hércules con base en el archipiélago. En un comunicado, la Armada Real británica anunció, además, el envío a la zona del rompehielos HMS Protector, basado en las islas Georgias del Sur. "Estamos yendo lo más rápido posible al área de búsqueda", dijo su capitán, Angus Essenhigh. 

Larga espera en Mar del Plata

Las redes sociales se convirtieron en escenario de largas cadenas de oración por los 44 marinos. Incluso el Papa Francisco pidió por sus compatriotas. A través del obispo castrense, monseñor Santiago Olivera, el Sumo Pontífice expresó "su ferviente oración" y le pidió que "haga llegar a sus familiares y a las autoridades militares y civiles de ese país su cercanía en estos difíciles momentos".

El puerto de Mar del Plata, en Buenos Aires, donde debía llegar el ARA San Juan, se ha convertido en lugar de peregrinación de decenas de personas que buscan información, rezan y se contienen entre ellas. Como Marcela Moyano, esposa de Hernán Rodríguez, jefe de máquinas del submarino. Es angustiante, una mezcla de sentimientos terrible, a pesar que todas las familias sabemos que los tripulantes tienen mucho conocimiento. Yo quiero a mi esposo acá”, dijo Moyano a la prensa. Alfredo, padre de Franco Espinoza, otro miembro de la tripulación, contó que se enteró de los problemas en el buque “escuchando la radio”. “Nunca vivimos una incertidumbre igual. Yo había hablado con mi hijo antes de que hiciera el viaje y no me hizo ningún comentario sobre desperfectos o cosa rara con la nave”.

El ARA San Juan es uno de los tres submarinos que tiene la Armada argentina. Fabricado en 1985 en Alemania, tiene propulsión diésel eléctrica convencional y lleva a bordo 960 baterías. Entre 2007 y 2014, el Gobierno de Cristina Kirchner lo restauró para extender su vida útil otros 30 años.

FEDERICO RIVAS MOLINA

 

“Hemos avanzado más en estos meses que en años”, ha dicho el canciller chileno, Heraldo Muñoz, tras la firma en Buenos Aires del más amplio acuerdo comercial con Argentina desde 1996. A su lado, su par Jorge Faurie dio al tratado la dimensión del cruce de los Andes de las tropas del libertador San Martín, en 1817, paso previo a la independencia de Chile. “Es el cruce de la modernidad”, dijo. Sólo se respiraba optimismo la sede de la Cancillería argentina, un palacete estilo francés que es ejemplo de los años dorados del modelo agroexportador argentino. Los tiempos han cambiado, y Argentina ha visto como Chile es el único país sudamericano en la OCDE, el club de países desarrollados al que Buenos Aires pretende ingresar.

 

El nuevo acuerdo ha sido el resultado de cinco rondas que terminaron a finales de septiembre y sólo faltaba la firma de los cancilleres para su entrada en vigor. Ambos países obtendrán beneficios que superan los alcances comerciales del acuerdo: Argentina abre una puerta a una alianza más estrecha con la Alianza del Pacífico y Chile otra al Mercosur. Es, en última instancia, un paso hacia la unidad comercial biocéanica largamente demorada por diferencias políticas. 

Esas diferencias fueron insuperables durante el kirchnerismo y terminaron abruptamente con la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada. El nuevo Gobierno decidió abrir Argentina al mundo y como primer paso se acercó a la Alianza del Pacífico, el bloque que Chile integra junto con México, Perú y Colombia. El acuerdo firmado hoy no ha hecho más que ratificar ese acercamiento. En los aspectos técnicos, el texto elimina sobre todo las trabas sanitarias y burocráticas que hasta ahora limitaban el comercio bilateral. Abre también la puerta, por primera vez, a que empresas de ambos países participen en las licitaciones de obra pública de su vecino. Para argentinos y chilenos, el acuerdo tendrá un efecto práctico bien concreto, porque ya no tendrán que pagar roaming cuando crucen la frontera. “Dentro de un año la gente estará feliz. El fin del roaming es sólo un ejemplo muy chiquito de lo que hemos hecho”, dijo Faurie.

Argentina y Chile comparten 5.100 kilómetros de frontera, la tercera más larga del mundo. Su comercio se rige por el Acuerdo de Complementación Económica Chile-Mercosur firmado en 1996 y que en la práctica implica aranceles cero. Pero múltiples barreras parancelarias lastraron los intercambios. Los últimos años no han sido buenos: en el balance comercial, 2016 fue negativo por cuarto periodo consecutivo y un 60% más bajo que en 2012. La situación ha mejorado levemente en 2017. “Nuestras exportaciones crecieron un 33% y las importaciones un 22%”, dijo Muñoz antes de la firma del documento.

La percepción argentina del pacto comercial no es sólo económica. Faurie lo exhibió como un triunfo del nuevo ordenamiento político impulsado por Macri. Y puso como ejemplo a Chile: “Queremos ser un país que comercia con previsibilidad y razonabilidad. Para Chile es un derecho adquirido después de 20 años de trabajo, pero para nosotros es la nueva realidad de los cambios estructurales”.

FEDERICO RIVAS MOLINA

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