EE.UU

En Estados Unidos estos días son sinónimo de atracón. Los excesos empiezaron ayer con el festival culinario de acción de gracias la fiesta estadounidense por excelencia, en la que las familias de todo el país se juntan alrededor de un apetitoso pavo.

El despilfarro sigue durante otros tres días de orgía consumista, tres días de pesadilla para las tarjetas de crédito. Hoy empieza el Black Friday Viernes Negro el día en que arranca la temporada de compras navideñas y en el que los comercios tiran la casa por la ventana ofreciendo jugosas ofertas y descuentos para atraer a cuantos más compradores mejor.

Desde primeras horas de la mañana, e incluso desde días antes, cientos de personas esperan a la apertura de las tiendas para aprovechar las ofertas y no quedarse sin sus productos deseados. Incluso puede que Papa Noel aproveche para hacer sus compras a un precio más reducido.

Las tiendas se abarrotan desde la apertura de compradores a la caza, lo que ha convertido al Black Friday en el día de mayor actividad comercial del año desde 2005.

Se espera que al menos 152 millones de estadounidenses respondan al reclamo de las grandes superficies comerciales, una cifra que, pese a la crisis económica, ha crecido respecto al 2010, año en el que acudieron a las tiendas la friolera de 138 millones de compradores.

Existen dos leyendas sobre el origen de este peculiar nombre. Al parecer, la primera vez que se usó el término Black Friday fue en el año 1966 en Filadelfia, donde se usaba para describir el intenso tráfico de gente y vehículos que circulaba el día después de Acción de Gracia. Otra explicación alternativa, sugiere que la expresión se refiere a las cuentas de los comercios, que pasan de números rojos a negros gracias a la explosión de ventas que obtienen debido a las rebajas

Donald Trump ha indultado este martes a un pavo en la celebración anual del día de Acción de Gracias. Acompañado por su mujer, Melania, y su hijo Barron, el presidente menos tradicional de la historia reciente de Estados Unidos se ha ceñido en este caso a la costumbre que desde hace 70 años ocupa un hueco en la agenda de la Casa Blanca.

 

“En nombre de la familia Trump quiero desearos a vosotros y todos los estadounidenses un feliz y bendito Día de Acción de Gracias. Es una tradición americana fantástica”, ha afirmado Trump, que ha hecho un llamamiento a la restauración de la unidad y confianza entre los estadounidenses. Tras el escueto mensaje solemne, el presidente prosiguió su discurso con tono humorístico, propio de la cita anual.

El presidente de EE UU indulta al pavo 'Drumstick'.

“En los últimos meses Melania y yo hemos dado la bienvenida a muchos invitados increíbles pero ninguno como el de hoy, Drumstick”, ha bromeado sobre el pavo seleccionado para el evento, marcado por una ligereza poco habitual en la actual Casa Blanca. Junto al pavo también se ha visto a las hijas del presidente Tiffany e Ivanka, acompañada de su hija mayor. “Hola Drumstick. Qué feliz vas a estar. Al contrario que millones de pavos en esta época del año, este va a tener un futuro brillante”, ha ironizado el presidente. Estas aves sirven de plato principal en la tradicional cena de Acción de Gracias, celebrada por millones de familias estadounidenses cada año el cuarto jueves de noviembre.

Tiffany Trump e Ivanka con su hija Arabella Rose, junto al pavo indulstado 'Drumstick', en los jardines de la Casa Blanca.
Tiffany Trump e Ivanka con su hija Arabella Rose, junto al pavo indulstado 'Drumstick', en los jardines de la Casa Blanca. ANDREW CABALLERO-REYNOLDS AFP
 

“Uno de mis predecesores, Harry Truman, no perdonó a ninguno de los pavos. Era un tipo duro. Yo hoy seré un presidente mucho más amable y perdonaré el pavo”, continuó Trump, entre los aplausos del público en el jardín de la Casa Blanca. “Como sabéis, he dedicado mucho esfuerzo a deshacer el legado de mi predecesor, Barack Obama. Sin embargo, he consultado a mis asesores y me han dicho que no puedo revertir el perdón que Barack Obama dio a los pavos Tater y Tot el año pasado”, bromeó el republicano, cuyas propuestas suelen ser completamente opuestas a las del demócrata.

La primera dama Melania Trump, saluda tras el perdón presidencial al pavo celebrado en los jardines de la Casa Blanca.
La primera dama Melania Trump, saluda tras el perdón presidencial al pavo celebrado en los jardines de la Casa Blanca. JIM WATSON AFP
 

Después del discurso, Trump, Melania y Barron se acercaron a Drumstick. “Vaya pájaro”, dijo el presidente sobre el animal, que pesa 16 kilos, antes de proclamar oficialmente el perdón. El presidente ya ha aplicado en su breve mandato el perdón presidencial al Sheriff Joe Arpaio, acusado de cometer ilegalidades en su trato y detención de delincuentes. Drumstick y Wishbone, el otro pavo indultado, serán trasladados a una granja de la Universidad de Virginia Tech, donde se les podrá visitar. Trump y su familia pasarán la fiesta en su complejo de Mar-a-Lago, en Florida.

'Wishbone', uno de los dos pavos que han conseguido el perdón presidencial por el Día de Acción de Gracias, en la sala de prensa de la Casa Blanca.
'Wishbone', uno de los dos pavos que han conseguido el perdón presidencial por el Día de Acción de Gracias, en la sala de prensa de la Casa Blanca.
 JACQUELYN MARTIN

La Administración de Donald Trump anunció este lunes el fin de un programa migratorio especial que evitaba la deportación de miles de haitianos en Estados Unidos. Los cerca de 59.000 beneficiarios del Estatus de Protección Temporal (TPS en sus siglas inglesas) para Haití tienen 18 meses, hasta julio de 2019, para regresar a su país o buscar una alternativa para residir legalmente en EE UU. A partir de entonces, serán considerados inmigrantes indocumentados y podrán ser deportados.

 

La decisión, que se especulaba desde hace tiempo, se enmarca en la política de mano dura migratoria del Gobierno del republicano Trump. Hace dos semanas, la Administración ya anunció el fin del TPS para unos 5.300 inmigrantes nicaragüenses, que disponen hasta enero de 2019 para salir del país o conseguir otro permiso de residencia.

El TPS es un programa creado en 1990 que permite a EE UU conceder visados extraordinarios a ciudadanos afectados por guerras o desastres naturales. Esa definición sirvió para acoger una oleada de haitianos tras el devastador terremoto que azotó en 2010 al país más pobre del Hemisferio Occidental.

 

Ahora, sin embargo, el criterio ha cambiado pese a la presión del Gobierno haitiano para mantener la protección dada la permanente inestabilidad en la isla. “Se determinó de forma general que las condiciones extraordinarias pero temporales que sirvieron como base para la designación de Haití han mejorado suficientemente de tal manera que ya no previenen que los nacionales de Haití puedan volver de forma segura [a su país]”, dijo un alto cargo del Gobierno Trump a la prensa, según informa la agencia Reuters.

La organización progresista Center for American Progress llamó "descorazonadora y poco sabia" la decisión y recordó que Haití ha sufrido en los últimos meses el impacto de los huracanes Irma y María, que golpearon con fuerza la paupérrima isla.

A principios de noviembre, el diario The Washington Post publicó que la Casa Blanca presionó a la responsable interina del Departamento de Seguridad Nacional para que expulsara a 57.000 hondureños y 2.500 nicaragüenses que residen en EE UU bajo el marco del TPS. También lo hacen unos 200.000 salvadoreños. El jefe de gabinete de Trump, John Kelly, llamó a Elaine Duke advirtiéndole de que prolongar la estancia de los ciudadanos centroamericanos amparados en el programa especial “impide la estrategia global” de la Administración.

Duke solo accedió a retirar el TPS para los inmigrantes nicaragüenses y pidió estudiar mejor el caso de los hondureños. La protección a ambos países se aprobó tras el paso del huracán Mitch por Centroamérica en 1998.

El Gobierno Trump ha convertido en bandera la deportación de inmigrantes y el refuerzo de la seguridad fronteriza. El presidente anunció en septiembre el fin del programa DACA del Gobierno de Barack Obama, que concede permisos temporales de residencia legal en EE UU a unos 800.000 dreamers, inmigrantes adultos que llegaron de niños al país. Si no se evita, la directiva finalizará el próximo 5 de marzo. Trump ha decidido pasar el contencioso al Congreso para que decida por ley si blinda a ese colectivo.

J.FAUS

En el Capitolio de Estados Unidos hay dos congresistas señalados de acosar a las mujeres. Son la punta del iceberg de una cultura silenciada en el Legislativo que denunciaron las congresistas Jackie Speier y Barbara Comstock, alentadas por el movimiento "Me too", que ya ha hecho temblar a Hollywood.

"Hay dos miembros del Congreso, uno republicano y otro demócrata, ahora mismo en activo, que han protagonizado acoso sexual", dijo Speier durante una audiencia este martes ante un comité de la Cámara Baja del Legislativo estadounidense.

 

La congresista no reveló los nombres de los señalados, pero sí denunció "tocamientos", "proposiciones" y exhibicionismo.

"Muchas de nosotras, en el Congreso, sabemos lo que es, porque el Congreso ha sido durante demasiado tiempo caldo de cultivo de un ambiente de trabajo hostil", dijo Speier, quien hace unos días confesó haber sido víctima de acoso sexual en el Capitolio hace años, antes de ser congresista.

Ante el mismo comité, Comstock relató la experiencia de una joven trabajadora del Capitolio que acudió a la casa de uno de los congresistas señalados para entregarle unos documentos. Una vez ahí, el congresista la recibió semidesnudo, solo con una toalla en la cintura que se quitó para mostrarle sus genitales.

El canal CNN confirmó estas y otras acusaciones de acoso sexual con medio centenar de fuentes legislativas, entre congresistas y excongresistas, trabajadores y extrabajadores. "La mitad son acosadores", dijo una congresista bajo condición de anonimato sobre sus colegas varones del Hemiciclo.

Una extrabajadora de la Cámara Baja, también bajo condición de anonimato, afirmó que los hombres "no tienen autocontrol" en un ambiente con "tantas mujeres jóvenes", en referencia a asesoras y estudiantes en prácticas.

Las normas del Capitolio marcan un auténtico camino de obstáculos para las víctimas que quieren denunciar: un proceso que dura más de tres meses, con cláusula de confidencialidad incluida, además de una mediación en la que el victimario está representado por el Congreso y teniendo que convivir con el acosador durante todo ese tiempo. Los eventuales pactos salidos de este proceso para esconder bajo las alfombras del Congreso los casos de acoso son secretos y sufragados con dinero público.

Ante la indefensión del proceso, las mujeres que trabajan en el Congreso han establecido un mecanismo de autodefensa con normas no escritas, como ser especialmente cuidadosas con los legisladores que duermen en sus oficinas o no coincidir a solas con congresistas en ascensores, reuniones nocturnas u eventos bañados de alcohol. También corre de boca en boca una "lista de indeseables" con los nombres de los congresistas propensos a tener un comportamiento inadecuado, de acuerdo con CNN.

Todo esto es algo que quiere cambiar Speier aprovechando el impacto en la sociedad estadounidense que ha tenido el movimiento "Me too" (yo también), con el que millones de mujeres en todo el mundo han denunciado haber sufrido agresiones sexuales.

 

La legisladora presentará hoy un proyecto de ley para detectar, en primer lugar, el "verdadero alcance" del problema.

Speier también quiere eliminar la actual mediación, proveer un mejor apoyo a las víctimas, dotar de transparencia al proceso, sufragar la defensa de los estudiantes en prácticas que denuncien y que los acosadores paguen de su bolsillo los pactos.

Además de esto, el presidente de la Cámara Baja, Paul Ryan, anunció este martes una formación antiacoso para congresistas y trabajadores, medida similar a la adoptada la semana pasada por el Senado.

Con los señalamientos a los dos congresistas acosadores, el movimiento "Me too" logró adentrarse en el Congreso después de haber convulsionado al corazón de Hollywood.

Decenas de mujeres han denunciado en las últimas semanas al poderoso productor Harvey Weinstein por agresiones sexuales de todo tipo, violaciones incluidas.

También han sido objeto de denuncias de acoso y agresión sexual actores como Kevin Spacey, Dustin Hoffman, Louis C.K. y Ed Westwick, así como cineastas como Brett Ratner y James Toback, mitos convertidos ahora en apestados.

EFE

La fiesta más popular en Estados Unidos, Acción de Gracias, se celebra el último jueves de noviembre cada año.

El origen

 

En el año 1620, el barco Mayflower llegó de Inglaterra a Plymouth (Massachusetts), al noreste de lo que hoy es Estados Unidos. Iban a bordo un centenar de separatistas religiosos y personas interesadas en establecer un nuevo territorio.

A su llegada, un líder indígena ayudó a los peregrinos a cosechar la tierra y a sobrevivir a las inclemencias, según la versión histórica. La mitad de los pasajeros murieron por el frío o enfermedades.

 

En noviembre de 1621, tras la primera cosecha exitosa de maíz, el gobernador del asentamiento de Plymouth, William Bradford, organizó una fiesta de celebración durante tres días en la que invitó a algunos nativos, según los escritos del cronista Edward Winslow. Ese es considerado el nacimiento del día de Acción de Gracias, como el de una comida conjunta en señal de concordia.

La historia cuestionada

Según los historiadores, se desconoce cómo se organizó ese encuentro, si se llegó a pronunciar la palabra ‘gracias’ y qué se comió exactamente, más allá de las menciones a ciervos y pavos en los escritos de Winslow y Bradford.

Un nuevo documental, The Pilgrims, estrenado el pasado martes en la cadena PBS, ahonda en las incógnitas del origen de la celebración. A partir de testimonios de expertos, el documental explica que los peregrinos no invitaron formalmente a los indios a esa celebración sino que estaban en el asentamiento cuando los europeos trajeron su cosecha.

También cuestiona las buenas relaciones con los nativos. Explica que los colonizadores llevaban al bosque los cuerpos de peregrinos enfermos y muertos, y los apoyaban con rifles en árboles con el objetivo de que los indígenas creyeran que eran guardas.

 

La visión indígena

Steve Gimbel, un profesor de Filosofía en la Universidad de Gettysburg que ha estudiado el componente sociológico de Acción de Gracias, sostiene que hay una “mitología” alrededor de ese día. “Porque la historia la escriben los ganadores, olvidamos frecuentemente que los que están celebrando son los que en realidad fueron ayudados”, dice en una entrevista telefónica.

Gimbel se refiere a la versión extendida de que el nacimiento del día de Acción de Gracias fue un “acto de generosidad de los colonos blancos” con los indígenas. “Lo que se olvida es que los americanos nativos sabían perfectamente cómo sobrevivir, eran los colonos los que tenían problemas de hambruna”, subraya. “Fue la generosidad de la gente que ya estaba allí lo que les mantuvo vivos. Así que cuando damos las gracias, lo que realmente estamos haciendo es agradecer a esa gente [los indígenas] que estaba allí para ayudarnos”.

Desde los años setenta, líderes indígenas se concentran el día de Acción de Gracias en Plymouth para celebrar lo que denominan ‘Día Nacional de Luto’, una jornada de denuncia de los abusos de los colonizadores con los nativos en el conjunto del país y de debates sobre los retos actuales de esa comunidad.

La celebración

Tras Plymouth en 1621, las celebraciones por las buenas cosechas se repitieron en otros asentamientos en la Costa Este. El primer presidente estadounidense, George Washington, decretó en 1789 la primera proclamación de Acción de Gracias para agradecer el fin de la Guerra de Independencia entre las 13 colonias y Reino Unido.

No fue hasta 1863 que el Gobierno estadounidense declaró oficialmente el último jueves de noviembre un día festivo por Acción de Gracias. En plena Guerra Civil, el presidente Abraham Lincoln instó a los estadounidenses pedir a Dios que curara las “heridas de la nación”.

En 1939, el presidente Franklin D. Roosevelt avanzó una semana la celebración para intentar fomentar el consumo durante la Gran Depresión. Pero su cambio desató una ferviente oposición y a los dos años rectificó.

El revisionismo moral

“La forma en que decidimos celebrar esto es más sobre cómo nos gustaría ser que cómo realmente somos. Cuando miras la historia completa con más contexto, te das cuenta de que necesitábamos un mito fundador para olvidar nuestro pasado esclavista”, dice el director del documental The Pilgrims, Ric Burns, en una entrevista con una columnista del diario The Washington Post en referencia a la proclamación del día de Acción de Gracias que hizo Lincoln. El presidente defendía la unidad territorial de EE UU frente al separatismo de los Estados esclavistas del sur.

Burns esgrime que el hecho de que el primer asentamiento inglés en EE UU —en Jamestown (Virginia) en 1607— tenga menor impronta histórica que la fiesta con indígenas en Plymouth responde a una “voluntaria amnesia cultural que refleja el deseo de los estadounidenses de vernos como gente que compartió pan con nativos en lugar de como dueños de esclavos”.

El profesor Gimbel sostiene que es importante conocer los orígenes de Acción de Gracias porque, esgrime, una “historia falsa podría usarse para perpetuar una imagen cultural falsa”. Pero subraya que, ante todo, la celebración representa valores positivos, como gratitud y humildad.

El sentir de agradecimiento

Acción de Gracias es una jornada de intensa celebración familiar, en algunos casos más importante que Navidad. La gente se felicita ese día con antelación. Las calles están vacías la tarde del jueves. Y el ritual de compartir una mesa alrededor de un pavo forma parte del ADN identitario de este país.

El agradecimiento en ese día sigue siendo un mantra oficial que vertebra el sentir de excepcionalismo estadounidense. Arthur Brooks, presidente del American Enterprise Institute, el laboratorio de ideas de referencia de la derecha estadounidense, defendía en 2015 en un artículo en el diario The New York Timeslos efectos sobre la felicidad del ser agradecido. “Rebélate contra la ‘autenticidad’ emocional que contiene tu felicidad”, proponía.

¿La tradición transgredida?

Pero Acción de Gracias supone mucho más que ese componente de reflexión y agradecimiento. Es de los días de mayor tráfico aéreo del país. Los partidos de fútbol americano la noche del jueves reúnen a millones de personas frente a las televisiones. Y el viernes, que mucha gente se toma libre, es conocido como el Black Friday (Viernes Negro), el día de mayores descuentos comerciales.

El profesor Gimbel lamenta que en la última década el comercio se haya convertido en uno de los “elementos principales” de Acción de Gracias. Se refiere al hecho de que cada vez más comercios abren sus puertas el jueves por la tarde, en lugar de la mañana del viernes, lo que impide a los trabajadores descansar ese día.

El pavo

Acción de Gracias no puede entenderse sin su alimento esencial. Un 88% de los estadounidenses come pavo ese día, según un sondeo de la Federación Nacional de Pavo. Y el animal pesa cada vez más: en 1960, el pavo comercial promedio pesaba unos 7 kilos, mientras que ahora unos 13 kilos, un 81% más.

También forma parte del imaginario de Acción de Gracias que el presidente de Estados Unidos aparezca junto a un pavo en un acto en la Casa Blanca. La tradición se inició en 1947 con el presidente Harry Truman. Pero no fue hasta 1989, con George H. W. Bush, que empezó formalmente el ritual del perdón presidencial de un pavo.

JOAN FAUS

“¡Bievenidos a Nazaret!”, exclama desde algo parecido a una carpintería un joven veinteañero, ataviado como un vecino más del pueblo de Jesús. Cuenta que se llama Ela y está trabajando en la construcción de una casa para su hijo, que se va a casar pronto. A su lado unos señores invitan a entrar en una sinagoga y, más adelante, una mujer vende pescado y relata cómo es la vida en ese rincón del norte de Israel, que parece extraordinariamente hospitalario y guarda una matemática proporción entre negros y blancos. Son algunos de los actores de la cuarta planta del nuevo Museo de la Biblia, abierto al público desde ayer en el corazón de Washington y que, entre otras cosas, recrea la ciudad santa.

El centro, un edificio de ocho plantas que ha supuesto una inversión de 500 millones de dólares (unos 424 millones de euros), pretende presentar el texto de la Biblia y su impacto a lo largo de la historia desde un punto de vista académico y neutral, según sus impulsores. La muestra tiene por puertas una gigante representación de bronce la Biblia de Gutenberg e incluye unos 3.000 objetos, de fragmentos de los Manuscritos del Mar Muerto a una colección abrumadora de ejemplares de la Torá, pasando por la copia que leía Elvis Presley.

El principal valedor —y financiador— del proyecto es un multimillonario de Oklahoma, cristiano evangélico, que lleva al menos desde 2010 coleccionando objetos con este proyecto en mente. Steve Green es dueño de Hobby Lobby, una cadena de tiendas de artes decorativas, y se ha significado a conciencia en las políticas sociales más conservadoras. En 2014 llevó hasta el Supremo la obligación que como empresario tenía de pagar los anticonceptivos, como una parte más de la cobertura del seguro médico de sus empleadas, mandato que emanaba de la reforma sanitaria de Barack Obama. Green se negó, alegando sus creencias religiosas, y ganó la batalla judicial, además de una gran repercusión pública.

Hace unos meses volvió a vérselas con la justicia por algo muy distinto. Hobby Lobby tuvo que pagar una multa de tres millones de dólares (2,5 millones de euros) por haber importado de Irak de forma ilegal miles de piezas de la época mesopotámica, que, además, tuvo que devolver.

Fachada del nuevo museo en Washington, abierto al público desde este sábado.
Fachada del nuevo museo en Washington, abierto al público desde este sábado. REUERS
 

El museo ha dejado claro que ninguna de estas piezas forma parte de la colección. Sí lo hacen otros miles de objetos, algunas auténticas rarezas, como un ejemplar de la conocida como Biblia malvada, otras veces llamada Biblia de los adúlteros o de los pecadores. Data de 1631 y se publicó en Londres con un garrafal error de edición: en el séptimo mandamiento, donde debería decir “No cometerás adulterio”, se comieron ese “no” y sacaron adelante un “Thou shalt commit adultery” que, para disgusto del Rey James, pasó a la historia. El monarca se enfureció, quitó la licencia a esos editores y ordenó destruir todos los ejemplares de aquella obra, pero se salvaron alrededor de una decena. Uno de ellos es el que se puede ver en Washington.

Sin interpretación

Los visitantes caminan a través de una exhibición multimedia titulada 'La Biblia Hebrea' durante una vista previa de los medios, el pasado martes.
Los visitantes caminan a través de una exhibición multimedia titulada 'La Biblia Hebrea' durante una vista previa de los medios, el pasado martes. JIM LO SCALZO EFE
 

El mensaje más repetido por los impulsores es que su enfoque es puramente académico, que no hay intención evangelizadora —“Es una visión periodística de la Biblia”, dijo hace unos días el propio Green—. La cuestión es si es posible presentar el libro sagrado de forma neutra, sin interpretarlo, y sin que afloren intenciones de doctrina. Una parte importante de la macroexposición aborda el impacto del libro sagrado en la historia y se adentra en asuntos como la esclavitud en Estados Unidos, mostrando cómo las escrituras se utilizaron tanto para argumentar a su favor como para fundamentar su abolición. También recoge su papel en la lucha por los derechos de los negros.

Sin embargo, por ejemplo, omite asuntos como su influencia en la imagen de la mujer o la consideración de la homosexualidad, y tampoco toca el tema de la brujería. “Hemos dejado muchas cosas fuera, está claro que un libro que ha impactado a todo el mundo en tantísimos aspectos solo puede cubrir una parte de su influencia y mucha gente echará de menos cosas, pero hemos hecho la selección aconsejados por académicos”, afirma Jeremy Burton, director de comunicación del centro.

CRÍTICAS DE AMBOS LADOS

Cuando empezó a concebirlo, Steve Green se planteaba ubicar el museo en la ciudad texana de Dallas debido a que se trataba de una zona con una gran población creyente, según relató en entrevistas de la época, pero siete años después el centro se ha hecho realidad a escasas manzanas del Capitolio, en la capital estadounidense, una ciudad rematadamente progresista. “Puedo decir que, si bien mucha gente creen que es un proyecto muy religioso, hay otros que critican la poca presencia de Jesús en la muestra. Mientras vengan críticas de ambos lados, está bien”, afirma Burton.

AMANDA MARS

 

400 millonarios americanos le han pedido a Trump que no les baje los impuestos. Argumentan, con razón, que eso provocará un aumento de la desigualdad.

 

No solo fascina saber que haya millonarios tan responsables sino que, además, provengan del país que situó la negativa a pagar impuestos en el origen de una revolución democrática admirada por el mundo entero.

El principio “no taxation without representation” estableció que no se puede imponer a los ciudadanos el pago de impuestos en cuya aprobación no han participado en asambleas democráticamente elegidas. Y como los colonos americanos no enviaban representantes al parlamento británico donde se aprobaban los tributos que luego tenían que pagar, éstos concluían, con razón, que no debían pagarlos. 

El vínculo entre representación e impuestos, presente ya cien años antes en la revolución inglesa, se retrotrae al medioevo (como ha reconocido la Unesco al declarar la Carta Magna leonesa de 1188 como cuna del parlamentarismo). Y sin embargo, hoy está en entredicho. Las democracias atraviesan una crisis de representación muy compleja y que tiene muchos elementos, pero uno de ellos es, sin duda, la erosión de la capacidad de recaudación.

El problema ahora no es que los ciudadanos no elijan a los representantes que fijan sus impuestos, sino que estos representantes cada vez son menos capaces de recaudar los impuestos que se necesitan para llevar a cabo las costosas políticas que son necesarias para combatir la desigualdad y la desafección política.

El trabajo asalariado escasea y las rentas del trabajo están estancadas o en caída. Los Estados compiten entre sí para ofrecer bajos impuestos a los inversores. Los paraísos fiscales permiten a empresas y grandes fortunas evadir tributos. Y las nuevas empresas tecnológicas (Google, Apple, Facebook o Amazon) apenas pagan impuestos. Thatcher y Reagan declararon la guerra al Estado, es decir, a los impuestos. Y van ganando. Los representantes no nos representan, entre otras cosas, porque pueden hacer muy poco con nuestro voto. Así que la vieja afirmación se ha dado la vuelta: sin impuestos no puede haber representación. Por eso algunos quieren pagar. Quien paga exige.

@jitorreblanca

 

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