EE.UU

La decisión del presidente Trump de reconocer la capitalidad de Jerusalén y de trasladar allí su embajada ha puesto una enorme roca en el camino de las negociaciones de paz entre Israel y Palestina, que el propio mandatario había encargado encarrilar a su yerno, Jared Kushner, judío ortodoxo, que está casado con su hija Ivanka Trump.

A pesar de su escasa experiencia diplomática –su trayectoria está vinculada con el sector inmobiliario–, Kushner, de 36 años, se ha convertido en el principal asesor del presidente, desplazando en la toma de decisiones al secretario de Estado, Rex Tillerson.

Su papel de negociador choca, sin embargo, con otra de sus facetas: la de benefactor de asentamientos israelíes, considerados por la comunidad internacional como ilegales. Kushner codirigió, hasta enero de 2017, la Fundación Charles y Seryl Kushner, que durante años ha donado decenas de miles de dólares para proyectos relacionados con los asentamientos en Cisjordania, como el de Beit El. Asentamientos que la ONU volvió a condenar en una resolución aprobada el pasado mes de diciembre en la que instó a ponerles fin. Entonces EE.UU. dio la sorpresa al abstenerse en la votación (fue una de las últimas decisiones de Barack Obama) y no utilizar su derecho de veto.

Semanas después, la revista «Newsweek» reveló que Kushner habría intentado influir para que el Consejo de Seguridad rechazara dicha resolución. Asimismo señaló que el yerno de Trump había omitido información a la Oficina de Ética del Gobierno de EE.UU. sobre su vinculación con la Fundación Kushner. Luego afirmó que se había retirado de la fundación en 2015, dato que volvió a corregir. Con ese «error» habría intentado evitar la incompatibilidad con su nuevo puesto de negociador de paz.

El Gobierno de EE.UU, así como el de Israel, también se habrían opuesto a la publicación de una «lista negra» que está confeccionando la ONU con las empresas que trabajan en los asentamientos ilegales. Habrá que esperar para ver quién aparece en ella.

Un feroz incendio forestal estalló el miércoles en Los Ángeles justo cuando los bomberos batallaban contra otras tres conflagraciones en el sur de California.

Las llamas empezaron a arder en la madrugada en las laderas de Sepulveda Pass, donde la Carretera Interestatal 405 atraviesa la Cordillera Santa Mónica. En las cimas de la cordillera se encuentran varias costosas viviendas.

Los bomberos trataban de enfrentar el siniestro mientras helicópteros, en la oscuridad de la noche, arrojaban agua sobre el flanco oriental de las llamas. Se prohibió el tráfico en el carril rumbo norte de la carretera, pero para el sur sí se podía transitar.
 

El uso de aeronaves para apagar el incendio se veía limitado debido a fuertes vientos, los mismos que acicateaban las llamas. Los aviones y helicópteros, cuyos lanzamientos de agua son claves para aplacar el fuego, tienen que permanecer en tierra debido a la peligrosidad de volar en medio de vendavales tan intensos. Las ráfagas ascendían a más 80 kilómetros por hora (50 millas por hora).

 
(Photo by Mario Tama/Getty Images)
(Photo by Mario Tama/Getty Images)

Los jefes del operativo ansiaban hacer despegar las aeronaves el miércoles por la mañana pero todos los pronósticos indicaban que el viento será igual de fuerte. Las llamas han llevado a la evacuación de casi 200.000 personas, han destrozado casi 200 viviendas y siguen fuera de control.

"No son buenas las probabilidades de contener este incendio", dijo el jefe de bomberos del condado Ventura, Mark Lorenzen. "A decir verdad, será la Madre Naturaleza la que decida cuándo podemos apagar este fuego", agregó Lorenzen en conferencia de prensa el martes.

 
(Photo by David McNew/Getty Images)
(Photo by David McNew/Getty Images)

Los vientos Santa Ana son un fenómeno conocido en el sur de California, y han contribuido a algunos de los incendios más devastadoras en la historia de la región. Son vientos que vienen desde tierra adentro y soplan hacia el océano Pacífico y cobran impulso a medida que serpentean por los cañones y valles de la región.

El incendio más grande y más destructivo abarcaba 220 kilómetros cuadrados (85 millas cuadradas) y afectaba al condado Ventura, al noroeste de Los Ángeles. El martes a la noche se aproximaba a la costa del Pacífico aunque había empezado el día anterior a 48 kilómetros (30 millas) tierra adentro.

 
(Photo by David McNew/Getty Images)
(Photo by David McNew/Getty Images)

El incendio atravesó la Carretera 101 y alcanzó una rocosa zona costera al noroeste de Ventura, lo que ocasionó más evacuaciones aunque las autoridades reconocieron que debido a la escasa población y la falta de vegetación ese incendio no era tan peligroso. La carretera no fue clausurada.

Por AMANDA LEE MYERS y ANDREW DALTON (AP)

Aunque no ha sido anunciado oficialmente, esta compra podría significar que la cadena CVS también llegue a convertirse en un centro de atención médica ofreciendo servicios como el cuidado de los oídos y los ojos. La apuesta busca competir con los planes anunciados por Amazon de ofrecer el servicio de medicinas con receta.

CVS Health Corp, la cadena estadounidense de más de 9,000 farmacias y 1,000 clínicas sin cita previa parece estar a punto de adquirir por 69,000 millones de dólares uno de las grandes aseguradoras médicas del país, Aetna, que cubre alrededor de 22 millones de pacientes.

La negociación es considerada como una de las mayores adquisiciones corporativas de este 2017. Además, la unión de ambas entidades podría reconfigurar las industrias farmacéutica y de seguros de salud en todo el país.

 
 Según se presume, esta compra podría significar que la cadena CVS también llegue a convertirse en un centro de atención médica ofreciendo servicios como el cuidado de los oídos y los ojos. 

Una administradora de beneficios farmacéuticos también estaría mejor posicionada para negociar precios más bajos de los medicamentos y la fusión podría apuntalar las ventas minoristas en las tiendas de CVS.

Además, la apuesta de CVS busca competir con los planes anunciados por Amazon de ofrecer el servicio de medicinas con receta online.

Aunque no ha sido anunciado oficialmente, el acuerdo potencial fue reportado por primera vez por el diario The Wall Street Journal el jueves anterior y trascendió con mayor fuerza este domingo, cuando el directorio de Aetna aprobó su venta.

AGENCIAS

Donald Trump está viendo cumplirse su peor pesadilla. El antiguo consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn ha empezado a colaborar con el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller. En un paso histórico y de enorme capacidad destructiva para la Casa Blanca, Flynn no solo ha aceptado ante un tribunal los cargos de falso testimonio por haber mentido al FBI sobre sus conversaciones con el anterior embajador ruso, sino que ha admitido que el entorno del republicano le pidió “entablar contacto directo” con Rusia. La orden supuestamente la dio Jared Kushner, el yerno de Trump.

Mueller es una leyenda dentro del FBI. Dirigió a los agentes federales durante 13 años y se forjó, tanto con George Bush hijo como con Barack Obama, una reputación de investigador duro e insobornable. Ya jubilado, cuando su estrella parecía destinada al olvido, asumió el caso de su vida. Su designación por el Departamento de Justicia fue presentada como un revulsivo a la abrupta destitución el pasado 9 de mayo del director del FBI, James Comey. Un despido que Trump adoptó precisamente tras negarse Comey a cerrar las pesquisas sobre la trama rusa.

 

Desde el inicio, el fiscal especial situó en la diana al mismo presidente de Estados Unidos. Todo su esfuerzo va dirigido a determinar si Trump cometió un posible delito de obstrucción a la justicia. Para ello, Mueller ha puesto cerco al equipo electoral del republicano en busca de indicios de coordinación con el Kremlin en la campaña contra Hillary Clinton, pero también ha analizado intensamente los manejos financieros del mandatario y sus consejeros. Hasta este viernes, las pesquisas le habían permitido imputar a un asesor electoral que dio falso testimonio sobre sus conexiones con Rusia, así como al antiguo jefe de campaña Paul Manafort y a su socio Rick Gates, por fraude y delitos fiscales. Eran piezas mayores, pero pequeñas en comparación con Flynn.

El antiguo consejero de Seguridad Nacional abre las puertas mismas de la Casa Blanca. Mucho más que un asesor de campaña, Flynn fue uno de los máximos cargos de seguridad de Estados Unidos y un íntimo del presidente. Con su testimonio, Mueller tiene por primera vez en sus manos a un ex alto cargo del Gobierno federal.

 

Para lograr su colaboración, el fiscal especial ha basado la imputación en el falso testimonio que dio el teniente general al FBI y que puede acarrearle hasta cinco años de prisión, pero ha dejado fuera sus turbios negocios como agente de gobiernos extranjeros, susceptibles de penas mayores. Flynn, en su descargo, ha declarado que presta testimonio en "interés de la nación" y para sacudirse las acusaciones de traición que pesan sobre él por su proximidad a Moscú. La Casa Blanca se ha limitado a señalar que nada de lo dicho por Flynn le afecta más que a él.

Los cargos se basan en dos conversaciones mantenidas el año pasado por Flynn con el embajador ruso, Sergey Kislyak. Una se remonta al 22 de diciembre y tenía como objetivo conseguir de Moscú un retraso en una votación contra Israel en la ONU. Es en este caso, donde Flynn reconoce que recibió el encargo directamente del entorno de Trump. La otra llamada se registró el 29 de diciembre pasado, el mismo día en que Obama anunció la expulsión de 35 diplomáticos rusos por la injerencia del Kremlin durante la campaña electoral. Su objetivo era atemperar la respuesta de Vladímir Putin a estas sanciones. Flynn, aun sin cargo oficial, dio a entender al embajador que si Moscú se moderaba, les sería más fácil reequilibrar las relaciones cuando Trump fuese investido el 20 de enero. Tras esta conversación, el Kremlin decidió no tomar ninguna represalia contra Washington.

Cuatro días después de la toma de posesión del presidente, Flynn, ya nombrado consejero de Seguridad Nacional, fue interrogado por el FBI y negó formalmente haber discutido con el embajador ruso las sanciones al Kremlin. Esta versión se derrumbó cuando llegaron a manos de los agentes federales las grabaciones obtenidas por los servicios de contraespionaje estadounidenses. Las escuchas, en poder de la fiscal general interina, Sally Yates, abrieron una profunda crisis.

Flynn no sólo había negado las conversaciones con Kislyak al FBI, sino también al vicepresidente, Mike Pence, y a la opinión pública. Esta mentira le hacía susceptible, según el Departamento de Justicia, de chantaje por parte del Kremlin. Yates pidió por ello su cese inmediato. El peligro, a su juicio, era extremo: uno de los máximos responsables de la seguridad de Estados Unidos estaba faltando a la verdad y bailaba en la cuerda floja del Kremlin. Trump no respondió. Dejó pasar el tiempo y solo después de que The Washington Postrevelase dos semanas más tarde las conversaciones con Kislyak, se deshizo de Flynn. El teniente general apenas había durado 24 días en el cargo.

 

Michael Flynn, de 58 años, es hoy un hombre a la deriva. Pero hubo un tiempo, bajo el mandato de Barack Obama, en que se le consideró uno de los militares con más futuro de Estados Unidos. Brillante y disruptivo en el campo de batalla, llegó a ser el jefe de inteligencia de unidades de élite como los SEAL y Delta Force. Con éxitos sobre el terreno y un discurso de alto voltaje, en 2012 pasó a dirigir la Agencia de Inteligencia de la Defensa. En ese puesto, emergieron sus deficiencias. Su incapacidad para el diálogo, sus continuas agresiones verbales a subordinados y jefes, y su acendrada islamofobia quebraron su liderazgo y condujeron en 2014 a su destitución.

Tras dejar el empleo militar, el teniente general abrió una consultoría, Flynn Intel Group. Un negocio de influencia que no tardó en caer en la órbita de Rusia y de Turquía. Fueron años confusos, en los que el antiguo militar se dedicó a hacer caja y posiblemente también a olvidar valores pasados. Como luego se descubrió, ejerció de agente de intereses extranjeros sin la preceptiva declaración y tampoco consignó los pagos en su declaración de bienes cuando fue elegido consejero de Seguridad Nacional. Es más, en diciembre pasado, cuando ya se sabía que iba a ocupar un alto cargo en la Administración Trump, se reunió en el Club 21 de Nueva York con emisarios del Gobierno de Recep Tayyip Erdogan para negociar la captura en suelo americano del clérigo Fetulá Gülen y entregarlo en la prisión turca de Imrali. A cambio, su compañía iba a percibir supuestamente 15 millones de dólares.

El otro foco de su interés empresarial fue Rusia. Como asesor recibió pagos de la compañía de ciberseguridad Kaspersky y de la aerolínea Volga-Dnepr. También colaboró para el grupo mediático estatal ruso RT, al que la CIA considera uno de los eslabones de la campaña de intoxicación contra Hillary Clinton. Mimado por Moscú, en 2015 llegó a asistir a una cena pública en la que se sentó en la misma mesa que Putin.

Desde ese universo, fue de los primeros militares de alto rango que saltó en apoyo de la candidatura de Donald Trump. Respaldó sus ataques a la comunidad islámica. “El miedo a los musulmanes es racional”, llegó a decir. En esta espiral, pidió el encarcelamiento de Hillary Clinton por el caso de los correos y no tuvo empacho en seguir al republicano en sus coqueteos con Moscú. Todo ello le situó en la esfera más cercana al futuro presidente. Y también, pasados los meses, en el centro de la investigación por la trama rusa.

MIAMI.- Cuba podría convertirse en un mercado turístico que ronde los 1.000 millones de dólarespara las aerolíneas y cruceros estadounidenses si se suman las proyecciones de 2017, 2018 y 2019, según el Consejo Comercial y Económico Estados Unidos-Cuba.

 

Un estudio publicado este lunes vaticina que las líneas de cruceros acumularán más de 761 millones de dólares en ingresos brutos durante esos tres años al transportar a más de 570.000 pasajeros, mientras que las aerolíneas sumarán otros 228 millones de dólares.

El consejo señaló que actualmente hay por lo menos 335 itinerarios en cruceros a Cuba a cargo de Royal CaribbeanCarnival y Norwegian, todas con sedes principales en Florida, y otras líneas más pequeñas, y pronosticó que estos viajes pueden aumentar.

Calculó además que estos trayectos a la isla caribeña dejarán a Cuba ganancias por más de 80 millones de dólares en gastos de pasajeros, además de más de 21 millones de dólares en impuestos portuarios.

El Consejo Comercial y Económico EEUU-Cuba recordó que en 2016 las ganancias de Royal Caribbean, Carnival y Norwegian sumaron en total 28.800 millones de dólares por concepto de sus viajes en 144 embarcaciones a sus distintos destinos.

En mayo de ese año el buque "Adonia" de Fathom (filial de Carnival) fue el primero en llegar tras el "deshielo" diplomático entre La Habana y Washington emprendido por el entonces presidente Barack Obama.

El informe, dado a conocer este lunes por John Kavulich, presidente del Consejo, contabiliza además más de 100 millones de dólares en ganancias por turismo para Florida, punto de partida y llegada de la mayoría de vuelos y cruceros a la isla.

Precisó que estos ingresos son especialmente en hotelesrestaurantes y servicios de transporte terrestre en el sur de Florida.

Sin embargo, pese a la apertura emprendida por Obama, aún persiste el embargo económico estadounidense a Cuba, que solo puede levantarlo el Congreso.

A esto se suma que varias medidas de la política de acercamiento de Obama, que también restableció en 2016 los vuelos comerciales de EEUU a Cuba, están sufriendo un revés bajo la presidencia de Donald Trump.

El republicano ha impuesto nuevas limitaciones, entre ellas la eliminación de los viajes individualespara hacer contactos con el pueblo cubano (la modalidad "people to people", en inglés), una de las más populares.

La medida hace parte de la nuevas restricciones del Gobierno de Trump para congelar la normalización con Cuba, que incluyen prohibir las transacciones con ciertas entidades gubernamentales de la isla.

FUENTE: EFE

Donald Trump ha vuelto a sacar el mazo contra los acuerdos internacionales en problemas globales. Siguiendo a rajatabla su lema nacionalista América primero, el presidente de EE UU ha ordenado la retirada de su país del proyecto en marcha de Naciones Unidas para alcanzar en 2018 un pacto no vinculante con directrices comunes para la gestión humanitaria de movimientos migratorios y de refugiados. "Nuestras decisiones sobre políticas de inmigración serán tomadas por americanos y solo por americanos", afirmó el sábado en un comunicado Nikki Haley, la embajadora de EE UU ante la ONU.

Añadiendo un capítulo más a su cadena de rupturas con pactos globales, entre ellos el Acuerdo de París contra el cambio climático o el tratado comercial con países del Pacífico, Trump rechaza la conveniencia de una orientación mundial consensuada en torno al fenómeno de los movimientos migratorios, que vive su fase más intensa desde la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad hay unos 65 millones de refugiados –en otros países o en otras zonas de sus propias naciones– expulsados de sus hogares por guerras, conflictos políticos o crisis humanitarias, a lo que se suma un flujo global de inmigrantes de alrededor de 245 millones de personas.

 

Pese a que el proyecto de la ONU no alterará en asboluto las competencias migratorias nacionales, Haley aseveró: "No es compatible con la soberanía de EE UU".

El plan de la ONU arrancó en septiembre de 2016 con la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes, aprobada por unanimidad por los 193 estados miembros y respaldada por el antecesor de Trump, Barack Obama. Su objetivo fundacional es "cubrir todas las dimensiones de las migraciones internacionales de una manera holística y comprehensiva", buscando la protección de los derechos humanos de los migrantes y su integración social y económica en los países de destino, apoyando a los países que acogen a más asilados, impulsando el desarrollo en los países de origen, garantizando la escolarización de los menores migrantes o coordinando operaciones de rescate. 

Tras conocerse la retirada de EE UU, el presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, Miroslav Lajčák, criticó la decisión de Washington afirmando que "ninguna nación podrá gestionar sola las migraciones internacionales" y resaltando el vacío que deja en el plan EE UU, el país que más migrantes acoge: "Su rol en este proceso es clave", ha dicho.

El secretario general de la ONU, el ex primer ministro portugués Antonio Guterres, considera este proyecto como uno de sus mayores retos para 2018. En agosto, en una reunión sobre la Declaración de Nueva York llamaba a la solidaridad y propugnaba: "La migración segura no puede limitarse a la élite global". Este sábado, la embajadora Haley argumentó que la declaración contiene elementos "inconsistentes" con los "principios" de la política migratoria de Trump y añadió: "Ningún país ha hecho más que EE UU [por los migrantes] y nuestra generosidad continuará".

Trump, que en campaña y ya como presidente ha hecho del discurso contra los inmigrantes su bandera, prometiendo completar un muro "grande y hermoso" en la frontera con México, continua con este golpe a las políticas migratorias coordinadas su camino hacia el aislacionismo geopolítico. A la retirada del acuerdo climático y del comercial con 11 países del Pacífico, los dos de mayor peso hasta la fecha, se añaden su reciente abandono de la UNESCO –queda como país observador–, su decisión de no certificar el pacto nuclear con Irán, la quiebra del deshielo con Cuba o la renegociación en curso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá, que podría terminar en ruptura por las condiciones que quiere imponer Trump desde su ideología, el nacionalismo económico.

PABLO DE LLANO

El fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, ha acusado al ex consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, de haber mentido al FBI sobre sus conversaciones con el antiguo embajador ruso, Sergey Kislyak. Flynn, según los medios estadounidenses, va a aceptar esta mañana los cargos en un claro indicio que ha empezado a cooperar. Es el mayor golpe hasta la fecha en una investigación que tiene a la Casa Blanca contra las cuerdas y que ya cuenta con tres imputados: un asesor electoral que dio falso testimonio sobre sus conexiones con Rusia, así como el antiguo jefe de campaña y un socio por fraude y delitos fiscales. 

El eje de la imputación es una conversación mantenida entre Flynn y el embajador ruso el 29 de diciembre pasado. La llamada se efectuó el mismo día en que Obama anunció la expulsión de 35 diplomáticos rusos por la injerencia del Kremlin durante la campaña electoral. Su objetivo era atemperar la respuesta de Vladímir Putin a estas sanciones. Flynn, en el Gobierno en la sombra, dio a entender al embajador que si Moscú se moderaba, les sería más fácil reequilibrar las relaciones cuando Trump fuese investido el 20 de enero. Tras esta conversación, el Kremlin decidió no tomar ninguna represalia contra Estados Unidos.

Cuatro días después de la toma de posesión, Flynn, ya como consejero de Seguridad Nacional, fue interrogado por el FBI y negó formalmente haber discutido con el embajador ruso las sanciones al Kremlin. Esta versión se derrumbó cuando llegaron a manos de los agentes federales las grabaciones obtenidas por los servicios de contraespionaje estadounidenses. Las escuchas, en manos de la fiscal general interina, Sally Yates, abrieron una profunda crisis. Flynn no sólo había negado las conversaciones con Kislyak al FBI, sino también al vicepresidente, Mike Pence, y a la opinión pública. Esta mentira le hacía susceptible, según el Departamento de Justicia, de chantaje por parte del Kremlin. Yates pidió por ello su cese inmediato. El peligro, a su juicio, era extremo: uno de los máximos responsables de la seguridad de Estados Unidos y guardián de sus secretos estaba mintiendo. Trump no respondió. Dejó pasar el tiempo, despidió a la fiscal general por negarse a defender el polémico veto migratorio, y solo después de que The Washington Post revelase dos semanas más tarde las conversaciones con Kislyak, el presidente se deshizo de Flynn. El teniente general apenas había durado 24 días en el cargo.

Acababa así la carrera de uno de los militares que más había brillado en la última década. Bajo el mandato de Barack Obama, Flynn fue una de las estrellas ascendentes del Ejército. Brillante y disruptivo en el campo de batalla, había estado al cargo de los operativos de inteligencia de unidades de élite como los SEAL y Delta Force, y en 2012 pasó a dirigir la Agencia de Inteligencia Miliar. Pero en ese puesto, su ascenso se torció. Su incapacidad para el diálogo, sus continuas agresiones verbales a subordinados y jefes, y su acendrada islamofobia quebraron su liderazgo. En 2014 fue destituido por “insubordinación”.

Tras dejar el empleo militar, el teniente general abrió una consultoría, Flynn Intel Group. Un negocio de influencia que no tardó en caer en la órbita de Rusia y de Turquía. Como asesor recibió pagos de la compañía de ciberseguridad Kaspersky y de la aerolínea Volga-Dnepr. También trabajó para el grupo mediático estatal ruso RT, al que la CIA considera uno de los eslabones de la campaña de intoxicación contra Hillary Clinton. Mimado por Rusia, en 2015 llegó a asistir a una cena pública en la que se sentó en la misma mesa que Putin.

 

Desde ese universo, fue de los primeros militares de alto rango que saltó en apoyo de la candidatura de Trump. Respaldó sus ataques a la comunidad islámica y llegó a postular que “el miedo a los musulmanes es racional”. Radicalizado, pidió el encarcelamiento de Hillary Clinton por el caso de los correos y no tuvo empacho en seguir a Trump en sus coqueteos con Moscú. Todo ello le situó en la esfera más cercana la futuro presidente. Y también, pasados los meses, en el centro de la investigación por la trama rusa.

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