Futbol

El delantero del Real Madrid Cristiano Ronaldo se llevó este lunes el galardón "The Best" que otorga la FIFA al Mejor Futbolista del Año, superando así al argentino Lionel Messi y al brasileño Neymar.

Ronaldo, que en la última temporada conquistó la Liga de Campeones con el Madrid y la Eurocopa con su selección, sumó su quinto premio, con lo que igualó la marca de Messi. 

"Es un momento único en mi carrera, estoy muy feliz. Muchas gracias a todos", dijo Cristiano tras recibir el premio de manos del astro argentino Diego Maradona.

Ronaldo sumó un 43 por ciento de los votos, contra un 19 por ciento de Messi y un 7 por ciento de Neymar. 

También se eligió al Equipo del Año, que estuvo conformado por: Gianluigi Buffon (Juventus); Dani Alves (PSG), Sergio Ramos (Real Madrid), Leonardo Bonucci (Milan), Marcelo (Real Madrid); Luca Modric (Real Madrid), Toni Kroos (Real Madrid), Andrés Iniesta (Barcelona); Neymar (PSG), Messi (Barcelona) y Ronaldo (Real Madrid).

En la ceremonia se premió a Zinedine Zidane, entrenador del Madrid, como el mejor del año. "Nunca habría pensado que tendría algo tan bonito. Gracias a todos, a los entrenadores, pero en especial a los jugadores, todo esto es vuestro. Hoy he ganado yo, pero vosotros sois los responsables", sostuvo el francés con el galardón en sus manos.

"Quiero dar la gracias al Real Madrid porque me ha dado la posibilidad de entrenar a estos jugadores. Gracias a todos, a Cristiano (Ronaldo), Luka (Modric), Sergio (Ramos), Toni (Kroos), Marcelo y a todos. Gracias al Real Madrid por darme la posibilidad de estar aquí", agregó.

En tanto, Olivier Giroud ganó el Premio Puskas al mejor gol del año por su acrobática definición ante Crystal Palace. En esta categoría, la venezolana Deyna Castellanos quedó en el tercer lugar con un 20 por ciento de las preferencias contra un 36 por ciento del francés.

Castellanos también se quedó con las manos vacías en la terna de mejor jugadora, pues fue tercera en la votación que ganó por la holandesa Lieke Martens.

Agencias

 

 

 

Lionel Messi se vistió este martes de héroe y clasificó de forma agónica a la Argentina al Mundial de Rusia 2018 con un hat-trick que selló el 3-1 a Ecuador en el estadio olímpico Atahualpa de Quito en la última fecha de la eliminatoria sudamericana.

Messi desafió a la adversidad y los 2.850 metros de altura en Quito para poner fin a la pesadilla que resultó esta eliminatoria para Argentina y despertar otra vez la ilusión del tricampeonato en Rusia.

El inicio fue sin embargo difícil. El conjunto de Jorge Sampaoli vio muy de cerca el riesgo de quedar afuera de un Mundial por primera vez en 50 años cuando Ecuador la sorprendió con un gol de Romario Ibarra a los 40 segundos de juego.

Pero lejos de caer en la desesperación, la Albiceleste se recuperó y dio vuelta el marcador gracias a Messi, que apareció cuando Argentina más lo necesitaba.

Al mejor estilo del Barcelona, el capitán y crack anotó un triplete que le devolvió el oxígeno a los desesperados hinchas argentinos.

Messi consiguió el empate provisorio a los 12 minutos en una gran jugada combinada con Ángel Di María. Arrancó Messi, le abrió el balón al extremo del PSG francés, que se la devolvió con un centro atrás y el 10 definió de zurda con tanta potencia y empuje que se metió en el arco de Máximo Banguera a buscar la pelota y llevársela abrazada.

A los 20' Messi dio vuelta el marcador con un golazo. Recuperó el balón, trabó, ganó, encaró el arco rival y lo clavó en el ángulo.

Y a los 61’, selló el 3-1 con un slalom a máxima velocidad mientras Darío Benedetto arrastraba todas las marcas y le abría el camino al gol. El cuerpo técnico argentino saltó al campo de juego a abrazar a la "Pulga" para celebrar un resultado que le resultaría muy difícil a Ecuador dar vuelta.

Ecuador dejó espacios en la defensa, pero hizo de la velocidad y su potencia sus principales herramientas para poner en jaque la línea de fondo argentina.

Ante la urgencia, Patricio Lara, en reemplazo del suspendido Jorge Célico, hizo ingresar a Enner Valencia, pese a que estuvo con una lumbalgia que lo había puesto en duda. Pero aun así no pudo

Con varios jugadores agotados por los efectos de la altura, Sampaoli decidió cambiar de esquema tras el descanso a un 5-3-2, previendo además la arremetida que inició Ecuador para conseguir el empate y que acorraló durante largos minutos a los argentinos en su área. Pero fue entonces cuando llegó el tercer gol de Messi que desactivó el riesgo.

Argentina sólo había ganado una vez de las seis que visitó a Ecuador en Quito, en 2001, cuando consiguió la clasificación al Mundial de Corea del Sur-Japón 2002. Este martes volvió a hacer historia.

El martes 10 del mes 10 fue el gran día del 10 argentino, que se convirtió además en el máximo goleador de la historia de las eliminatorias sudamericanas con 21 goles. Sumó en tanto 61 tantos con la selección argentina.

El protagonismo del capitán, de 30 años, marca también una realidad de la selección argentina: los últimos cinco goles albicelestes de Argentina en las eliminatorias fueron cuatro de Messi y uno en contra.

Nadie más que el astro anota con la camiseta albiceleste desde hace un año. Si bien el triplete puso fin a la sequía de goles argentinos en las eliminatorias, que cerró con 19 goles en 18 partidos, Sampaoli deberá trabajar y mucho para abrirle el arco a los delanteros de alta calidad con los que cuenta.

La agónica clasificación relaja a la Argentina y podría poner fin a un ciclo complejo, en el que el conjunto arrastró la frustración de perder tres finales consecutivas, el Mundial de Brasil 2014 y las Copas Américas 2015 y 2016, y tuvo tres técnicos distintos.

Así lo festejó todo el plantel, abrazado y saltando en un rincón del campo de juego una vez que sonó el silbato final del brasileño Anderson Daronco.

Argentina llegó a Quito fuera de la zona de clasificación, pero Messi desplegó su magia y la sacó del abismo. Ahora, todo un país puede soñar con la realidad de un nuevo Mundial, quizás el último para el capitán en este gran momento, pero para el que habrá mucho para trabajar si quiere mantener viva la ilusión de un tricampeonato.

FUENTE: dpa

Por su parte Panamá se clasificó por primera vez en su historia al ganarle 2-1 a Costa Rica y Honduras se metió en la repesca al vencer 3-2 a México.

 La selección de fútbol de Estados Unidos perdió este martes 2-1 como visitante ante Trinidad y Tobago y, debido a la combinación de resultados, quedó eliminado de la Copa del Mundo de Rusia 2018.

El equipo de Bruce Arena ofreció su peor versión y no asistirá a una justa mundialista por primera vez desde 1986. Tenía una asistencia perfecta durante siete ciclos consecutivos.

El conjunto de las barras y las estrellas sumó 12 puntos, por debajo del líder México (21), Costa Rica (18), Panamá (13) y Honduras (13), apenas por encima de Trinidad y Tobago (6).

El gol en propia puerta de Omar González (17') y la anotación de Alvin Jones (37') fueron suficientes para dar la gran sorpresa en las eliminatorias de Concacaf (Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribde de Fútbol).

El descuento de la joya norteamericana Christian Pulisic (47') no fue suficiente para un equipo impotente, ansioso e inofensivo que se vio sobrepasado por la presión.

Para los visitantes el partido fue una pesadilla de principio a fin. En el peor momento posible de las eliminatorias, mostraron su peor cara y sufrieron ante el rival más débil del hexagonal.

Contrario a su furioso inicio ante Panamá el viernes pasado, el conjunto de las barras y las estrellas decidió salir a manejar el partido, sabiendo que un punto era suficiente para asegurar una clasificación virtual.

Pero Trinidad, que venía de dejar un buen sabor de boca en México a pesar de la derrota por 3-1, tenía otros planes. Primero fue el autogol de González, que intentó rechazar con la pierna zurda y terminó por darle el impulso necesario a la pelota para el 1-0 en propia puerta.

Ya los trinitarios habían intentado acercarse con velocidad al contragolpe al arco de Tim Howard, pero el autogol del defensa del Pachuca cambió los planes de ambos equipos. El visitante despertó, pero le costó acercarse con peligro al área rival.

Entonces, con un Michael Bradley abandonado en mediocampo, Trinidad calcó sus ataques más peligrosos ante México y volvió a golpear en el corazón estadounidense a través de Alvin Jones (37’).

La sorpresa ya era mayúscula y, debido al mal primer tiempo, por momentos parecía irremontable. Lo fue. Los visitantes empezaron a mirar de reojo los partidos de Panamá y de Honduras, que definirían su destino, algo impensable en la previa.

Para el complemento, Arena mandó al histórico goleador Clint Dempsey a la cancha, pero gravitó poco en el juego. Quien apareció en el momento de más urgencia fue Pulisic, que con sus 19 años se puso el equipo al hombro, pero no fue suficiente.

La parte complementaria fue un monólogo de pases laterales de Estados Unidos. Bradley buscaba conectarse con Jozy Altidore, Bobby Wood, Dempsey y Pulisic, pero no lastimaban a Trinidad.

Los locales no necesitaron de una gran estrategia defensiva. Cual frontón, los trinitarios apenas se concentraron en despejar cualquier pelota que se acercara a su área. Los visitantes, impotentes y ansiosos, no mostraron sus mejores armas.

Sobre el final, con la noticia de que estaba fuera del Mundial con la victoria 2-1 de Panamá sobre Costa Rica y de Honduras sobre México por 3-2, Estados Unidos intentó todo: por aire y por tierra, de pelota parada y en movimiento. Pero nada fue suficiente.

Estados Unidos, contra todo pronóstico, quedó eliminado en un ciclo que inició con el alemán Jürgen Klinsmann como entrenador pero terminó con Arena, que el verano pasado levantó la Copa Oro, un consuelo que no parece suficiente para esta eliminación.

FUENTE: dpa

 

 

Argentina se olvidó de jugar al fútbol y, sin embargo, es prisionera de la memoria, de sus dos títulos de campeona del mundo y del recuerdo de Maradona. Ahora mismo le puede tal ansiedad que considera más difícil clasificarse que ganar la próxima Copa del Mundo. Así de presionada se siente la Albiceleste ante el partido que hoy le enfrenta a Perú (madrugada del jueves al viernes en España, 1.00, Tdp). Necesita la victoria para después certificar su pase en el último encuentro contra Ecuador en Quito, y tampoco parece fácil, más que nada por la altura del Olímpico Atahualpa.

No es un dato cualquiera sino que los detalles son ahora decisivos en el intento de que el equipo recupere su mejor versión para optar a los logros que se daban por descontados con los goles de Messi. Aunque Lío no es Maradona, no es casual tampoco que el encuentro se dispute en la Bombonera y no en el Monumental de River. Hoy se apuesta por el vértigo de las gradas de Boca, necesita el equipo el calor de la hinchada, y precisa Messi de la mano de Sampaoli, el técnico que derrotó a la Albiceleste cuando dirigía a Chile.

Argentina repara en cualquier cábala, en el sortilegio más banal, para romper el maleficio de equipo derrotista y recuperar la senda de la victoria, convencido de que el suyo no es un problema de fútbol ni de jugadores y menos de seleccionadores, después de entregarse a técnicos de distinta condición hasta dar con Sampaoli, entregado a la tarea de armar un equipo y encontrar el puesto ideal de Messi, si es que ambas propuestas no son lo mismo en la compleja Albiceleste.

Sampaoli se desvive con Messi y Messi solo tiene parabienes para Sampaoli. El 10 incluso atendió al seleccionador en su casa de Castelldefels. El técnico sabe que el éxito de los entrenadores del Barça se edificó a partir de la posición de Messi. Rijkaard le situó como falso extremo, Guardiola descubrió que era un falso nueve, Luis Enrique dejó que manejara un tridente con Luis Suárez y Neymar y Valverde le ha acercado al arco con el escudo del 9.

Máximo realizador

Y a Messi le salen los goles por las orejas, hasta el punto de que ha completado su mejor arranque de temporada en el Barça: suma 11 tantos en la Liga, 15 en todas las competiciones, después de disputar al completo los primeros 11 partidos —siete de Liga, dos de Supercopa y otros dos de la Champions— y dos con Argentina. Absorbe el juego y los goles con una determinación insólita, consciente de que tiene que marcar su cuota de tantos y la de Neymar.

No hay dudas de que pronto alcanzará un nuevo reto, el de máximo goleador de las grandes Ligas en Europa, en poder del alemán Gerd Müller, el artillero del Bayern Múnich que totalizó 365 tantos, cinco menos de los que lleva Messi en el Barcelona. Nadie diría que envejece, ya cumplidos los 30 años, y su productividad anuncia incluso la posibilidad de que la de Rusia no sea su última Copa del Mundo, la mejor manera quizá de rebajar el apremio que siente por clasificarse.

La cuestión es si Messi tiene que jugar con Argentina de la misma manera que en el Barça para que recupere la efectividad perdida desde que anotó el 24 de marzo contra Chile. No marca el azulgrana y no mete un gol Argentina: el último lo anotó en propia portería Venezuela y la clasificación le sitúa en el penúltimo lugar realizador por delante solo de Bolivia: 16 tantos frente a 14 por los 38 de Brasil. Los males son contagiosos en Argentina, sin que se sepa muy bien si es culpa de la selección o de Messi. Ocurre con los goles, pasa con el juego, se constata en el ánimo, sin que nadie lo remedie, dependientes el uno del otro, centro de atención de la FIFA y de su presidente Gianni Infantino, quien anda por Buenos Aires para bendecir la candidatura de Argentina, Uruguay y Paraguay para la Copa 2030.

Sampaoli ha probado ya con cuatro alineaciones en dos entrenamientos y parece que optará por situar también a Messi a tiro de gol. Así que volvería a ser más delantero que asistente para seguir el guion del Barça. Al azulgrana ya no le tiran tantos desmarques en el Camp Nou desde la partida de Neymar y por tanto en la Albiceleste se impone también una nueva formación de la que podría saltar Dybala, el artillero de la Juve (10 tantos) y un jugador que ha expresado también su incomodidad porque en la cancha se mueve por la misma zona que Messi.

El reto de Sampaoli es armar sociedades, encontrar asociaciones, saber quién es compatible con quién, montar una alineación que acabe con la ansiedad, el miedo, la adversidad y la parálisis que atenaza al colectivo desde que se falla la primera ocasión y se rinden los once, del portero hasta Messi. Todos los goleadores, futbolistas entrenados por los mejores técnicos de Europa, se quedan mudos cuando llegan a la Albiceleste, también Leo, capaz de golear a puerta cerrada en el Camp Nou. Los rivales juegan con los nervios de Argentina, la desquician, y bien que lo sabe Perú, que aspira a ganar para volver 35 años después a un Mundial.

El contexto exige un acto de rebeldía que no necesariamente corresponde a Messi. No fue Maradona quien clasificó a Argentina para México 86 sino que los héroes contra Perú fueron Pasarella y Ricardo Gareca, precisamente el seleccionador hoy del rival de Argentina. Un guiño más en una jornada de tahúres, presa Argentina de su historia, con Messi en casa de Maradona.

RAMON BESA

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