Ernesto Neto dona al Museo Guggenheim Bilbao la obra Burbuja blanca

Felix José Hernández

 

Bilbao, 3 de noviembre de 2017.

En 2014 el Museo Guggenheim Bilbao presentó Ernesto Neto: el cuerpo que me lleva, una retrospectiva única dedicada a la obra de este artista, nacido en Río de Janeiro en 1964. Neto es uno de los creadores más importantes de Brasil y está reconocido internacionalmente por sus esculturas orgánicas, a menudo de dimensiones colosales, creadas a partir de un tejido semitransparente de poliamida elástica, y a veces rellenos de diferentes materiales.

A lo largo de más de veinticinco años, Neto ha acumulado un inmenso inventario de obras, que van desde delicados dibujos hasta instalaciones de grandes dimensiones. Son piezas creadas para atravesarlas, habitarlas, sentirlas e incluso olerlas, con la intención de que el espectador pueda interactuar con ellas, experimentando con su propio cuerpo y sus sentidos, sin perder de vista que, al mismo tiempo, son, como el cuerpo humano, frágiles y delicadas.

Como Ernesto Neto afirma, la exposición de sus obras convierte en el espacio museístico en un lugar para la poesía: “Todo el tiempo recibimos información, pero quiero que aquí se deje de pensar”.

Hacia mediados de los años noventa, Neto abandonó el lenguaje geométrico de sus primeros trabajos y empezó a rellenar piezas de tejido de poliamida, previamente cosidas, con materiales tan dispares como bolas de espuma de poliestireno, harina o especias para configurar formas que recuerdan a cuerpos u organismos vivientes.

La obra que Neto ha donado al Museo se titula Burbuja blanca (White Bubble, 2013/17) y está basada en uno de los elementos que conformaba Hiperhorizonte de eventos, una de las piezas incluidas en su exposición de 2014 que ha reconfigurado específicamente para adaptarse a los icónicos espacios del edificio diseñado por Frank Gehry.

El artista transforma la experiencia del arte, tradicionalmente visual, en un momento multisensorial que dirige nuestra atención a sensaciones en estado puro a medida que recorremos e inspeccionamos las superficies del universo creado por su autor. De este modo, busca una sensación de fusión entre la obra y los espectadores, y que estos experimenten cómo estos encuentros íntimos nos transforman, tal vez en algo mayor que nosotros mismos. Al iniciar su tránsito por el espacio que ocupa la obra, el visitante sentirá cómo la estructura transparente irá cambiando con el peso de su cuerpo, y la huella que deje irá transformándose debido a la impronta de los cuerpos que llegarán después.

Burbuja blanca constituye, de este modo, una importante exploración y reflexión acerca de los límites del cuerpo humano.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta Bilbao,

Félix José Hernández.